A
veces, encuentro más sencillo expresarme con poemas que en prosa… Será porque
el verso tiene una magia especial… La otra noche estaba escribiendo en mi
despacho de la planta baja… y pensando en
Yolanda, que estaba jugando con Luis y con Claudia en el jardín… y nació
este poema… Ahora tal vez me da un poco de vergüenza incluirlo en este libro…
pero no deja de ser una manera de expresar mis sentimientos… hacia ella… y de
eso se trata finalmente, de ser fiel a mí mismo… Por eso lo incluyo, como
testimonio de un amor que sigue más vivo incluso que el primer día… Su nombre
es “Contradanza”…
“Al
recordar tu cuerpo, siempre sueño
con
chocolate negro, tibio y fundido...
con
mermelada de melocotón, líquida...
con un
chorrito de Malibú con piña colada...
con una
copita de Moët Chandon, helado...
Pues me encanta recorrerlo, muy despacio,
con la
lengua, con los dedos, trazando
arabescos
sobre la piel de tu espalda,
o escalar
muy despacio el valle
entre tus
pechos de ninfa descarada...
Quisiera
poder seguir bajando por tu ombligo,
para
llegar a tus ingles, bien depiladas,
y hacerte
gozar con lengua, dientes, labios...
y
recorrerte entera, y luego perderme
entre tus
gemidos, y saborear, despacio,
el fruto
de mis desvelos, labio a labio...
Quisiera hacerte enloquecer de deseo,
acariciarte,
saborearte, piel contra piel,
y al
final, penetrarte suavemente, poco a poco,
dosificando
nuestro placer, lentamente,
para
fundirnos en la mágica danza...
y
alcanzar juntos el éxtasis, la plenitud,
de un
orgasmo simultaneo y compartido,
y sentir
contigo el cielo entre las manos,
antes de
volver a amarnos, de nuevo...
Quisiera que fueras mi amazona, viciosa,
mi ama
dominante y dominada, implacable,
que con
tus caricias y con tus labios,
me
llevaras hasta el límite de la locura,
que te
apoderaras de mi cuerpo y de mi alma,
que de
todas formas son tuyos, princesa...
desde la
primera vez que nos besamos,
o quizás
mucho antes, cuando emprendimos,
juntos,
un camino que borra la distancia...
Quisiera
entre tus brazos, con tus caderas,
que me
hicieras el amor lentamente,
para
acelerar el ritmo como experta amazona,
que me
llevaras otra vez al límite del orgasmo,
y luego
volvieras a ralentizarlo, dominándome,
dejándome
descansar, mientras yo te miro,
y deslizo
los ojos y las manos por tu cuerpo,
como dos
mitades de un mismo ser,
que al
hacer el amor una vez más,
misteriosamente,
se han completado...
hasta
fundirnos de nuevo en un aterrador,
eterno,
ingrávido, electrizante, orgasmo...”
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