No deja de llamarme la
atención hasta qué punto la sociedad en general y los escritores en particular
son reticentes a hablar del sexo… y de los juegos de pareja… Quizás por eso
siento la necesidad de comentar, aunque sea de pasada, este tema, quizás con la
intimidad que da el estar escribiendo un texto que tal vez nunca llegará a ver
la luz…
Afortunadamente, ni Yolanda ni yo hemos sido nunca
demasiado conservadores en este aspecto, ni siquiera durante los dos embarazos…
Siempre nos ha gustado jugar, experimentar con nuestros cuerpos, preocuparnos
más de dar placer al otro… porque de todas formas, cuando te entregas
completamente a tu pareja, también recibes placer a cambio…
El sexo no debería ser nunca rutinario, impuesto por la
sociedad, por las creencias religiosas o por el convencionalismo… Conozco
demasiadas parejas en las que una de las causas de la ruptura del matrimonio ha
sido precisamente la “necesidad de
cumplir con lo que se esperaba de mí”… Esa frase se escucha demasiadas
veces en las salas de terapia de pareja… y a menudo cuando ya es demasiado
tarde para salvar un matrimonio, o una relación de pareja, moribunda…
El sexo no conoce de edades, ni de documentos socialmente
admisibles (y me da igual que se trate de un registro de parejas de hecho o de
un matrimonio homosexual o heterosexual), ni por supuesto de diferencias de
edades… Ya os hablé antes de una de las parejas más estables que conozco,
Cristina y Natalia, y de cómo me contaron su primera noche de amor… A ellas
siempre les han gustado los juegos de pareja, añadir elementos que les hagan
disfrutar más aún de sus cuerpos perfectos (porque las dos son
espectacularmente atractivas)… No están atadas por ninguna ligadura social
(aunque se hayan casado recientemente, y tengan una hija por inseminación
artificial)… Cada noche, cada mañana o cada tarde (porque la expresión del amor
tampoco entiende de momentos del día, o de tener poco o mucho tiempo) puede ser
mágica, y lo es, porque se trata de dos personas que se aman, y que lo expresan
con libertad…
Eso
es el amor: el mirar juntos en la misma dirección, luchar juntos por alcanzar
los objetivos, saber que en todo momento dispondremos del apoyo incondicional
de la otra persona… Y también saber que existe la confianza necesaria para expresarse
libremente, incluso si estamos en desacuerdo con una decisión o una opinión… Es
la confianza en la otra persona, la camaradería, la amistad, incluso a veces el
completar las frases que el otro comienza, o la capacidad de expresarse sin
palabras… Es cada beso robado en una esquina, cada caricia, cada gesto de
ternura, cada roce…
Parece
que estoy haciendo una apología del amor, y quizás sea así… Lo único que hago
es expresar con palabras lo que muchas personas tienen la capacidad y la suerte
de vivir cada día de su vida con la persona amada… Incluso en la distancia…
Yolanda
y yo llevamos tantos años juntos, desde 1991, si tenemos en cuenta el día en
que nos conocimos, o tal vez desde 1995, cuando hice aquél viaje a Málaga desde
la base militar en Murcia… que a los dos nos cambió la vida, que hemos llegado
a conocernos muy bien… Poco importa en realidad, lo único importante es que a
pesar de todo, de las pruebas que hemos tenido que superar, de las muertes en
la familia, de los malos momentos, y de los buenos también, seguimos juntos… Y
lo seguiremos estando, con un poco de suerte, hasta el final de nuestras vidas…
Porque los dos creemos en el amor verdadero, y lo hemos encontrado entre los
brazos del otro…
Es
cierto, hemos tenido la suerte de encontrarnos, de enamorarnos y de seguir tan
enamorados como el primer día… quizás incluso más que en aquél entonces, porque
fui yo quien se enamoró de ella completamente desde el mismo momento en que nos
conocimos… A ella le llevó un poquito más de tiempo… seguro que si ella
estuviera leyendo estas líneas, en este momento me daría una soberana colleja…
Y
el sexo, el amor compartido, sigue formando parte de nuestras vidas… El deseo…
Las pequeñas y las grandes locuras… Esas escapadas al balneario que tanto nos
gusta… o simplemente esas perezosas mañanas de domingo… o de sábado… o de
cualquier otro día en el que nos puede el deseo, y basta con una sonrisa, con
un guiño, para entregarnos a uno de nuestros pasatiempos favoritos… Es cierto,
los dos hemos cambiado con el paso de los años, la maternidad le ha sentado muy
bien… y yo he ganado un poco de peso y aumentado mi fuerza con las sesiones de
Kendo con Kenji Watanabe… pero todo eso deja de tener importancia cuando
estamos juntos…
Siempre
nos ha gustado jugar, disfrutar haciendo disfrutar al otro… Hemos tenido que
lavar muchos juegos de sábanas para eliminar las huellas de chocolate negro,
incluso de Malibú con piña, o de “Moët
Chandon”… También hemos seguido aprendiendo distintas técnicas de masaje,
tanto vigorizante como relajante o descaradamente erótico…
Pero
lo más importante es que nunca hemos perdido las ganas de disfrutar como el
primer día… Porque eso es lo más importante…
Y
por supuesto, tener tiempo libre… Porque no es lo mismo una sesión de sexo
salvaje y desenfadado en los probadores de un centro comercial, que también las
hemos disfrutado… que un abrazo furtivo en medio de una reunión de familia… o
el roce, leve pero intensamente erótico, piel contra piel, durante un concierto
en el Auditorio de Málaga… Hacer el amor requiere su tiempo, y su lugar… No
existen lugares más eróticos que otros, ni tampoco comidas afrodisiacas (nunca
nos han gustado las ostras, preferimos unos buenos huevos fritos con patatas en
la intimidad de nuestra cocina), lo más importante es la compañía…
Vale,
es cierto… Algunas veces, y sobre todo con dos niños pequeños como Luis y
Claudia, que a veces parecía que se ponían de acuerdo para llorar a dúo en las
primeras horas de la madrugada, no es sencillo encontrar el tiempo para hacer
el amor con tranquilidad… Y menos aún cuando se meten en tu habitación por la
noche, por culpa de una pesadilla, y se empeñan en dormir contigo… O si de
repente a nuestros dos galgos consentidos les da por ponerse a ladrarle a la
luna llena…
Pero
si sigues amando a tu pareja, si de verdad la deseas como nos deseamos
nosotros, si con el paso del tiempo has llegado a conocer su cuerpo casi como
el tuyo propio, y si no te importa jugar, experimentar, sentir… No es cuestión
tanto de las veces que puedas hacer el amor en una semana… sino de la calidad
de cada momento compartido…
Juega…
Ama… Descubre… Experimenta con tu pareja… Disfruta… Y olvídate del resto…
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