Es
curiosa la manera en la que la paternidad del hijo puede cambiar durante una
sola tarde, en función de la cantidad de trastadas que pueda cometer en una
sola tarde de invierno, cuando está lloviendo fuera, y el pequeño angelito o
demonio se aburre en casa, sin poder a salir al jardín… Por eso, las vacaciones
de navidad, con la inevitable permanencia de la fierecilla en casa, podían
convertirse en demasiado largas…
Luis
nunca ha sido un niño especialmente travieso, pero es cierto que en aquellos
días de diciembre, justo cuando el “Hotel
Imperial” se embarcaba en los últimos detalles de la “Fiesta de Máscaras Venecianas” de la nochebuena, y la “Fiesta del Clavel Rojo” de nochevieja,
parecía que le sobraba más energía que antes…
Un
día, le da por sacar de todos los armarios de la casa absolutamente todos los
zapatos de toda la familia, es decir, todos… y convertir la entrada y el
pasillo en un enorme campo de minas, una zona de auténtico peligro si tienes
algún tipo de urgencia fisiológica… o simplemente si suena el timbre y estás
esperando al mensajero de “Telepizza”…
A partir de aquél momento, decidí que no era prudente ver con él demasiadas
películas bélicas, ya que el siguiente paso sería poner en cada “mina zapatosa” algún complemento para
hacerlo más interesante… como por ejemplo, caca de perro…
En
otra de esas ocasiones donde la paternidad siempre se atribuía al segundo
miembro de la pareja, se empeñó en hacer crema de cacao siguiendo los
parámetros indicados en un anuncio de la tele… ¡Ni os cuento cómo terminó la
cocina! Nos pasamos casi una semana despegando manchurrones de chocolate
petrificado, porque se empeñó en añadir todos los ingredientes en caliente, de
los armarios, paredes y techo… que al final terminamos pintando de nuevo…
Pero
en su perrería más absolutamente delirante, tuvo por cómplices involuntarios
precisamente a “Atos” y a “Porthos”, nuestros cachorrones de
dálmata, que según él tenían frío, y se dedicó a “adaptar” prendas de abrigo de Yolanda y mías… El primero termina
vestido con un traje de chaqueta de raya diplomática, bufanda, jersey de cuello
vuelto y dos pares de calcetines, “adaptados”
a su anatomía… Al segundo le toca hacer de chica, y le pone el mono de esquiar
de Yolanda, valorado en casi cuatrocientos euros, y dos pares de botas de
apreskí, bufanda y guantes… Lo que no habría pasado de ser una simple broma, se
convierte casi en una tragedia griega, porque su forma de “adaptar” implicaba el uso de tijeras (para recortar todo lo que
sobraba: mangas, perneras, parte inferior del jersey… y de paso llenar toda la
casa de plumón)… y se conoce que a ellos no les molestó demasiado tanta ropa de
abrigo, porque nos esperaron sentados muy tranquilos en medio del comedor,
donde se habían estado entreteniendo con nuestro hijo en “adaptar” los tres enormes cojines del sofá, a base de mordiscos… Es
cierto, nos parecieron tan cómicos que les hicimos una foto, y aquella fue
nuestra imagen para la felicitación navideña: los dos galgos con sus mejores
galas, y nuestro terremoto particular, en el centro…
Con
cinco años recién cumplidos, nuestro hijo ya apuntaba maneras en el mundo de
las bromas pesadas… y si tenemos en cuenta que todas estas cosas, y un desfile
en el pasillo con todos sus cochecitos de metal… y el intento de usar la
batidora para prepararnos unas tortitas con nata… además de una breve incursión
en el mundo de las obras públicas, empapelando las paredes de su habitación con
hojas de periódico (quizás para tener algo que leer si se aburría)… las hizo
durante las vacaciones escolares de navidad… Lo más lógico y prudente que
pudimos hacer fue tirar a la basura todas las películas sobre “Daniel el Travieso” y la saga completa
de “Solo en casa”, además de “Matilda”… y otras comedias infantiles
sobre niños problemáticos, porque al muy canalla tenía una enorme inteligencia
y capacidad de imitación… ¡Lo que nos faltaba, más modelos de trastadas! ¡Como
si no tuviéramos suficiente con las patentadas por él!
Por
eso, incluso ahora, cuando han pasado ya aquellos años, seguimos riéndonos,
pero con la boca pequeña, al ver las viejas fotos de sus fechorías, sobre todo
las del “antes” y el “después”… La pequeña Claudia,
afortunadamente, era demasiado joven para enterarse de nada en las navidades de
2004… pero dos años más tarde, en 2006, ya colaboró a su manera con Luis en la
siguiente tanda de trastadas navideñas… pero esa es otra historia…
Menos
mal que en lo profesional, todas las iniciativas del Hotel cosecharon un éxito
absoluto, incluso la celebración, por primera vez, de un concurso de
inocentadas entre los empleados, el 28 de diciembre… en el que,
afortunadamente, nuestro hijo ni pudo participar, ni estar presente…
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