jueves, 21 de agosto de 2014

51. La nochevieja de los claveles rojos.

Es algo que no puedo evitar: la Nochevieja me entristece, quizás porque me la paso haciendo balance de aquellos sueños que he podido cumplir, y de los que he tenido que olvidar... Por si fuera poco, mi parte negativa y pesimista no paraba de recordarme que 1999 había sido, pese a todo, uno de los mejores de toda mi vida, porque lo había pasado con Yolanda, y con nuestro hijo Luis. Había grandes ausencias, como la de Clotilde y la mi abuelo Luis, mas pese a todo, habíamos sido felices, el Hotel estaba consiguiendo sus objetivos para atraer a los empresarios y a los organizadores de eventos...

Y sin embargo, estábamos deseando todos comprobar si era buena la idea de organizar una cena muy exclusiva, con baile de máscaras, y cotillón... para facilitar un poco el que las personas sin pareja pudieran disfrutar también de la velada, en un ambiente exclusivo, y con el mayor nivel de calidad posible. El evento lo anunciamos por los medios habituales, pero también a través de Internet, de nuestra propia "web" y del "carapocha"... La acogida fue muy buena, y casi el setenta por ciento de las entradas se vendieron en la primera semana.

Además, ofrecimos la posibilidad de dormir en el hotel... Por supuesto, había que llevar una máscara que permitiera comer, beber y besar (vamos, poco más que antifaces al estilo veneciano), era una cena de etiqueta con esmoquin obligatorio para los caballeros, traje de noche para las damas (adjuntamos la dirección de varias tiendas de alquiler de trajes de noche y de etiqueta), y aquellas personas que estuvieran buscando un romance, un ligue o una relación, tenían que llevar, además, un clavel rojo en alguna parte de su persona (pelo, ojal, bolsillo de la camisa)... La cena sería similar a la de Nochebuena, pero incluyendo un amplísimo rango de entremeses, que se servirían en los salones adyacentes, con música en directo, un concurso de baile, y otras actividades organi-zadas por animadores profesionales, para que los invitados se fueran conociendo… sí, también montamos una “Conga… de Jalisco…”

El ambiente era agradable, con las actividades conseguimos romper el hielo, y para la hora de la cena (a las 21.30 comenzaron a circular los camareros con los entremeses) y todas las mesas eran redondas de seis comensales, ya se habían formado unas cuarenta parejas ocasionales... Por supuesto, aquella noche no estaban autorizados los niños... ni el tabaco, me temo… El menú era sencillo, sabroso, planteado como el de la mejor de las bodas: marisco, carne, pescado, ensaladas, dulces, pero ligero, puesto que el resto de la velada estaba diseñado para la diversión.

Toda la actividad tenía lugar en el salón principal, que en verdad era el anfiteatro, donde se habían desmontado los asientos, y una empresa especializada en grandes eventos se encargó de prestar el apoyo logístico (sillas, mesas, mantelería y cubertería), pero en los tres salones adyacentes se habían creado ambientes proclives a la conversación, a disfrutar de la compañía de los otros... y a relajarse. Entre el final de la cena (el último servicio fue retirado a las once y media)  y las campanadas, la atmósfera se fue caldeando lentamente.

La pequeña orquesta que había amenizado la velada se retiró a las once de la noche, y en ese momento se apagaron unos segundos las luces (más de uno... y de una... se aprovechó de la ocasión), para comenzar una sesión de lo que algunos llamarían "deep techno trance" como nunca antes se había escuchado en Málaga, incluyendo temas "chill out"... Con aquellos acordes, los bajos, los tonos muy graves, empezó a crearse un ambiente mágico... Los aspersores dispensaban una suave y húmeda neblina, perfecta para el momento especial: el brindis por el año nuevo…

Quedaban escasos minutos para la medianoche, la más mágica y a la vez más triste del año para muchas de aquellas personas que estaban celebrándola con nosotros (porque allí estábamos también Julián y Catalina, Borja con Cristina, David con Catalina, y por supuesto, Yolanda y yo) cuando un pelotón de camareros repartió las uvas a todo el mundo, y comenzó la cuenta atrás... En la gran pantalla de la sala de conferencias se hizo la luz, fuimos parte de los diez millones y pico de españoles que las siguieron en la primera, con el incombustible Ramón García. No hubo "efecto 2000", ni se terminó el mundo, ni se cayeron los aviones o se volvieron locas las computadoras... No pasó nada digno de ser recordado, salvo la extraña sensación de vivir entre dos mundos...

 Hubo muchos besos entre perfectos desconocidos, muchos abrazos, apretones de manos y buenos propósitos... Por la especial ubicación de nuestro hotel, y las extraordinarias técnicas de aislamiento térmico y acústico empleadas, la fiesta se prolongó hasta la madrugada, aunque muchas parejas, nuevas o recién formadas, se retiraron a las distintas habitaciones... mientras que otros aguantaron hasta las seis de la madrugada, cuando se despidió la música, con el más puro sonido del "Café del Mar"... y comenzaron los desayunos,  llevando enormes tinajas llenas de chocolate a la taza recién hecho, y tremendas sartas de churros recién hechos por los cocineros y pinches del “Hotel Imperial”… Es cierto, aquella noche, todo el mundo, es decir, todo el personal que quiso participó de las celebraciones posteriores a la cena… porque ellos fueron cenando por turnos los  mismos platos que los invitados… totalmente gratis, por cierto…

¿El balance económico del evento? Obtuvimos beneficios, más que suficientes, para compensar los gastos extras realizados en cuando a personal de barra, cocineros, camareros, seguridad, guardarropía, músicos, gogós masculinos y femeninos... La ocupación de las habitaciones superó el ochenta y seis por ciento: el año anterior apenas si llegó al cuarenta, lo que no está mal para una iniciativa como la nuestra… Algo que ya era tradición en Madrid, comenzó a implantarse en los principales hoteles de cuatro estrellas de  Málaga, como el “Parador de Gibralfaro”, el “Hotel AC Málaga Palacio”, y el “Hotel NH Málaga”... pero solo a partir del año siguiente…

Es cierto, surgieron muchas parejas, el "pack de bienvenida" que incluimos en todas las habitaciones dobles (un pequeño neceser de viaje, con dos cepillos de dientes, pasta y una caja pequeña de preservativos de marca, personalizados con una pegatina del hotel) fue bien recibido, y de manera excepcional se prolongó la salida de las habitaciones hasta las dos de la tarde... Yolanda y yo nos quedamos un poquito menos...


Salimos del Hotel después de haber pasado la mitad de la noche en vela, y la otra, en el jacuzzi (teníamos una "junior suite") y celebrando, de la mejor manera, el comienzo del año... amándonos... y si es cierto que la forma en que empiezas el año es la misma que lo terminarás, nuestros pronósticos eran bastante buenos... Y después recogimos a Luis, que había pasado la noche en casa de mis suegros, durmiendo como un bendito…

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