La situación en
el “Hotel Imperial” estaba mejorando,
las medidas propuestas por el equipo, incluso las más caras, habían sido bien
acogidas por clientes y empleados. A través de la Cámara de Comercio, solicité
una previsión de los eventos de cierto calibre previstos para los próximos seis
meses en la ciudad de Málaga... porque de momento no podíamos, como hotel
urbano, sin piscina, pero con unos jardines de una calidad excepcional pero que
no se estaban aprovechando, competir con el "falso glamour" y
las luces de neón de Marbella. Sin embargo, disponíamos de un anfiteatro con
una capacidad de quinientas plazas, que tampoco se aprovechaba... Recordemos
que el “Hotel Imperial” estaba
situado en lo que antaño fue el Palacio de los Duques de Medina Sierra, dos de
sus fachadas daban a calles peatonales, y las otras dos, a los jardines.
Con sus seis
plantas (zona abuhardillada y sótanos al margen) la estructura exterior era
similar a la del Museo Lázaro Galdeano de Madrid. En su diseño original, los
Duques de Medina Sierra incluyeron un pequeño teatro cubierto, ya que sus dos
hijas mayores era consumadas pianistas... y como todos los ricos de alcurnia
pero con algunos negocios turbios en las colonias, la ostentación y el boato
eran la mejor forma de ganarse el respeto. Vinieron de Cuba en 1898, con una
auténtica fortuna en perlas, maderas preciosas y oro; encargaron los planos a
un arquitecto afrancesado, y desde el primer momento indicaron que importaba la
calidad, el confort, (al menos en las zonas nobles de la planta baja y la
primera), además de proporcionar a los sirvientes la posibilidad de pasar
desapercibidos...
Se tardó dos
años en culminar la obra, desde el pulido del escenario en el teatro, hasta la
última de las tejas de pizarra... Con el optimismo del cambio de siglo, los
Duques de Medina Sierra celebraron "una
de las fiestas más memorables de los últimos veinte años", según
afirmaba el típico cronista de sociedad... ¿Para qué deseaban los Duques
semejante Palacio, en el corazón de Málaga? Nadie sabe la respuesta, en su
momento se especuló con la posibilidad de alojar bajo el mismo techo a toda la
familia, puesto que don Baltasar, el primer Duque, era el menor de cuatro
hermanos, y la intención era vivir todos juntos, con una planta para cada
familia, y alojamiento suficiente para toda la dinastía. El cuatro de octubre
de 1902, la familia entera se hizo a la mar en el barco alemán "Freya"...
El barco, un gran buque de tres palos y considerado uno de los más seguros de
la flota que realizaba el viaje hasta la Península, desapareció durante casi un
mes, para ser localizado en las coordenadas N- 42º
18.435 - E- 2º 19.863, en pleno Triángulo de las Bermudas, sin el menor rastro
de su tripulación, ni de sus pasajeros. Aquella tragedia afectó seriamente a
los Duques de Medina Sierra, quienes se plantearon la culminación de la casa en
la forma pactada, pero con los dos pisos superiores ejerciendo de panteón...
El edificio, más
bien un palacio, permaneció incólume hasta el año 1933, cuando falleció sin
descendencia y sin haber contraído matrimonio la última heredera, doña Mariana
de Medina Sierra, y fue dejado en usufructo a una congregación de monjas, las
Hermanas de la Caridad del Santo Nombre, para convertirlo en Hospital. Por
supuesto, no era un centro de beneficencia, se puso en marcha como "un
lugar de paz y armonía, en el que recuperar el sosiego..." La sala de
música de la planta baja fue cerrada, se tabicaron algunos de los salones y
dividieron, realizando una impresionante labor de fontanería, para dotar a cada
una de las treinta habitaciones de la primera planta, y las cuarenta de la
segunda, de un pequeño pero funcional cuarto de baño, con salas de hidroterapia
y otros adelantos de la época en los extremos de la tercera planta, que también
se utilizaba como alojamiento para los médicos y las enfermeras, mientras que
la cuarta se destinaba a las Hermanas de la Caridad del Santo Nombre. Las dos
plantas superiores se dejaron en bruto, sin uso. Las obras duraron un año y
medio, solo para adaptar y acondicionar las dos primeras plantas y las zonas
utilizadas por médicos, Hermanas y pacientes, pero ni la tercera, ni la cuarta,
y mucho menos las dos últimas ni las buhardillas o los sótanos, a los que se
fueron relegando todas aquellas cosas que se consideraban "superfluas
pero valiosas", como los retratos familiares, las colecciones de
vestidos y tapices, los libros, se tocaron, más allá de alguna reparación
ocasional en los tejados...
La
Guerra Civil en Málaga duró poco más de siete meses, y culminó con el éxodo
masivo en 1937 de más de cien mil personas, dispuestas a recorrer a pie los
doscientos kilómetros, para alcanzar zonas republicanas. La caída de la ciudad
tuvo un efecto trágico en la moral republicana, según reconocía el mismo Largo
Caballero. ¿Y el antiguo caserón? Fue reconvertido en Hospital Militar,
posteriormente lo abrieron a la población civil, y el año 1942 comenzó su
andadura como Hospital General. En 1970 sus instalaciones se consideraron
obsoletas, y se consideró incluso su derribo, para levantar instalaciones
deportivas, mas el proyecto fue vetado una y otra vez por los
conservacionistas. Se produjo un misterioso incendio en la planta baja en 1979, a todas luces
provocado. En 1985, un grupo de inversores de distinta procedencia, la mayor
parte de Japón, aprovechando las facilidades otorgadas por el Ayuntamiento,
adquirieron el edificio y los jardines, para convertirlo en el "Gran
Hotel, que necesita Málaga"... si bien tuvieron la precaución de
llevar a unos almacenes industriales el contenido de las buhardillas, áticos y
sótanos. En 1993, tras unas obras complicadísimas por el carácter singular del
edificio, se pudo inaugurar, con gran pompa y circunstancia...
Las
obras duraron casi cinco años, al ser necesaria una renovación total,
preservando exclusivamente las fachadas y la escalera de mármol con su
barandilla de forja. Algunos de los contenidos de los desvanes y buhardillas,
que habían sido preservados durante todo aquél tiempo, fueron utilizados de
nuevo para decorar los grandes salones de la planta baja. Y así fue,
conservando la fachada decimonónica, reconstruyendo el interior para
convertirlo en uno de los hoteles más importantes de la ciudad, con sus
trescientas habitaciones, de las cuales cincuenta son junior suites. En lo
referente a los espacios comunes, se han instalado zonas de reunión en las
esquinas de cada piso que dan al jardín; y se ha recuperado el auditorio en su
concepción original, en la planta baja, compartiendo el espacio con el comedor
y la moderna cafetería.
También
se han dispuesto las habitaciones para los empleados en las buhardillas, pero
con todas las comodidades. En cuanto a la escalera de mármol y sus forjados, se
han conservado, y los ascensores magnéticos se han ubicado en los dos torreones
posteriores, que daban acceso a las escaleras de servicio a todo el palacio.
Las cocinas y dependencias anejas también se han mantenido en su lugar
original.
El “Hotel Imperial”, por lo tanto, es un
recuerdo de un pasado esplendoroso, pero también fue el primero de la
corporación "Natori Fujita"
en la Costa del Sol. El nuevo rumbo de la empresa, y al mismo tiempo las nuevas
necesidades y decisiones empresariales, implicaban la necesidad de una
especialización en el campo de los congresos y exposiciones, ofreciendo unos
servicios únicos, que no existían en Málaga...
Aquellos
eran, por lo tanto, mis dominios, mi trabajo, mis desafíos y responsabilidades,
junto a los demás directivos implicados en el nuevo proyecto… Sin contar, por
supuesto, con los inminentes cambios en la familia…
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