Supongo que a casi
todas las madres les pasa lo mismo, sobre todo cuando se quedan viudas, pero la
mía jamás ha aceptado que yo no ejerciera de periodista, incluso le parecía una
deshonra la primera vez que puse en la cuenta corriente del banco “Profesión: recepcionista de hotel”… eso
sí, la cosa cambió cuando ascendí a Director de Comunicación… Porque era una
cuestión de categoría social. Y, en el fondo, no me ha perdonado que no
ejerciera en la profesión para la que había destinado tanto esfuerzo, es decir,
la misma que aparecía en mi orla de la facultad de ciencias de la información,
o en los dos tomos de mi tesis…
Muchas veces, durante estos años, he intentado
convencerla de que no es oro todo lo que reluce, que en estos años, ni siquiera
un doctorado te abre todas las puertas de la docencia… partiendo, por supuesto,
de la base de que a mí no me gusta dar clases, ni en institutos (ámbito del que
me he mantenido alejado) ni en una facultad… ¿Qué objetivo ha tenido para mí la
tesis? Supongo que en el fondo, el de añadir una línea más a mi currículum: “Doctor en ciencias de la información por la
Universidad Complutense de Madrid”, saber que me he gastado varios cientos
de miles de las antiguas pesetas en los quince ejemplares recomendados por la
facultad, más otra pequeña cantidad para registrarlos mediante ISBN y
asegurarme de que al menos un juego de mi brillante tesis se encuentra depositado
en la Biblioteca Nacional… Cuestión de prestigio y de espacio, me temo, porque
ni siquiera el brillante director de mi tesis habrá mantenido en las
estanterías de su despacho los dos tomos brillantemente encuadernados de mi
tesis doctoral.
Incluso a mí me ha parecido mentira tenerlos a mano
durante tantos años: ahora, los tengo en mi despacho del “Hotel Imperial”, igual que el bonito titulito, quien sabe si para
recordar que he conseguido en la vida algo que mi padre nunca logró, porque él
jamás terminó la tesis… Cuestión de orgullo, también, supongo…
De todas formas, ahora mismo, el único título al que
aspiro optar todos los días es el de “Orgulloso
marido de Yolanda García Montes”, sin olvidarnos de “Orgulloso padre de Luis y Claudia”, o incluso el de “Orgullosa mascota consentida de Atos y de Porthos”…
pero también “Orgulloso amigo y colega de
Kenji Watanabe”… Creo firmemente que los únicos títulos importantes en esta
vida son los que nos dicen hasta dónde hemos llegado, porque recordamos
perfectamente lo que nos ha costado conseguirlos… y los de “padre” y “marido” son para mí los más duros de mantener vigentes, porque la
reválida es cada día de tu vida… y son tus actos los que determinan si eres lo
bastante bueno para merecerlos…
Mis realidades y certezas son por lo tanto muy sencillas:
que nadie me ha regalado nada de lo que he conseguido en esta vida hasta el
momento presente… y que no tengo, en el fondo, nada más que el presente…
Intento no pensar demasiado en el futuro, porque lo estoy construyendo desde el
minuto que vivo ahora mismo… y de mí depende el no desperdiciarlo… Del pasado
procuro extraer las lecciones que me pueden resultar de utilidad, y no
conservar ni enemigos, ni malos pensamientos, ni sobre todo culpabilidades…
Vale,
es cierto que con respecto a algunas personas, me siento incómodo, sobre todo
de las que emergen periódicamente de mi pasado, para recordarme malos
momentos…. Y que también me emociono cada vez que me conecto a las redes
sociales, y recibo un mensaje de Claudia, mi primer gran amor; o que no siento
una corriente de energía pura recorrer mis manos y mi corazón cuando rozo sus
manos y la beso en las mejillas, porque ella encarna lo mejor de mi
adolescencia…
Añoro
mucho a mi padre, y a mi abuelo, porque entre los dos formaron para mí una
especie de dios Jano, la entidad de dos caras, y dos personalidades, en la cual
mi abuelo encarnaba al bien en estado puro… mientras que las relaciones con mi
padre nunca fueron “sencillas”… pero
entre los dos encarnaron una figura paterna difícil de olvidar… Ahora, que a mi
vez soy padre de dos fierecillas, una de ellas ya ha empezado a ir al
instituto, y la otra todavía sigue en el cole, me cuesta mucho encontrar el
equilibrio entre los dos extremos, para intentar ser un buen padre… Mas, al
tener a Yolanda a mi lado, y por supuesto a Julián y a Catalina, es más
sencillo, al jugar a “poli bueno-poli
malo”, el mantenerme un poco a distancia…
Las
relaciones con mi madre y con mi hermana han mejorado bastante al espaciarse
los tiempos de convivencia (básicamente, navidades, semana santa y el verano)…
Siempre dicen que es mejor juntos pero no revueltos, y quizás tengan razón…
Ahora
me planteo cuales pueden ser mis nuevos retos, mis nuevas metas, pues en 2011,
creo haber llegado todo lo lejos que puedo llegar, si no contamos un mayor
dominio del japonés y del kendo… Me encanta mi trabajo, pero gracias a la
política del “a las cinco, todos en casa”,
que procuramos aplicar religiosamente al menos los jueves y los viernes, tengo
algo de tiempo libre, y me gusta dedicárselo a la familia, los amigos, alguno
de mis hobbys como hacer maquetas, escribir y publicar mis textos en los blogs,
leer, pasear por la orilla con mis hijos y mis perros, y sobre todo, estar con
mi mujer… Me estoy planteando seriamente el regresar al periodismo activo,
ampliando mis colaboraciones con una de las pequeñas emisoras de radio en las
que me han entrevistado en los últimos tiempos… Porque añoro los programas de
radio, la magia de las ondas, de presentar aunque sea una radiofórmula,
recuperar las ilusiones perdidas, y sentirme realizado…
Sueños
no me faltan, y tampoco certezas…. Como por ejemplo, la de que se están
terminando las cosas que me apetece compartir conmigo mismo, los recuerdos y los planes para el futuro…
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