jueves, 21 de agosto de 2014

69: Cambios en la familia…

Con la implantación de la jornada reducida en los dos Hoteles a primeros de 2002, (al final conseguimos implantarla de lunes a viernes, al menos en los departamentos de menores necesidades de horario) conseguimos mejorar el ambiente de trabajo. Incluso haciendo un par de guardias al mes, era mucho más llevadero... También es cierto que comenzábamos a trabajar a las siete y media de la madrugada en vez de a las nueve, pero a nadie parecía importarle: madrugar no es tan duro, si tienes casi toda la tarde libre.

Y la cosa funcionaba: marketing, RRHH, financiero, servicios generales y comunicación se acostumbraron a trabajar en equipo, muchas veces también se incorporaban los compañeros de la recepción, aunque por supuesto la decisión final dependiese de los jefes de cada unidad.

Llegó el cumpleaños de Luis... y se casó Borja, con Cristina Cifuentes D´Orso, el  dieciséis de junio de 2002, su novia de los últimos años. Aquella vez, y recordando muy viejos tiempos, Yolanda y yo colaboramos de nuevo con Leyre y Gonzalo, quienes también se habían casado en 2000, y ahora tenían un niño de pocos meses, que estaban cuidando sus padres. Nos invitaron en su momento a la boda, y también a ellos les hicimos las fotos... Yo añoraba aquél mundillo, ver la realidad a través de la lente de una cámara, y no tener tanta responsabilidad, en la gestión no ya de un hotel, sino de una cadena de hoteles, puesto que Kenji Watanabe y yo compartíamos la gestión de la comunicación y de la imagen corporativa en empresa a nivel nacional.

Borja estaba muy nervioso, y se le notaba: no paraba de jugar con el pequeño corazón de hematite que llevaba de talismán desde que dejó de fumar. Se casaron el dieciséis de junio de 2002 en la misma iglesia que nosotros, la de San Agustín, y aunque he visto muchas novias en esta vida, Cristina  Cifuentes D´Orso era con diferencia una de las más hermosas… Pelirroja, con larga melena ondulada y una sencilla corona de flores, un vestido de corte medieval, de manga abullonada y color hueso, y unos zapatos muy sencillos y de escaso tacón. Quizás porque se trataba de la novia de uno de mis mejores amigos, o el hermano de Yolanda, me notaba muy nervioso... y sin embargo, conseguí obtener unos primeros planos fantásticos de la novia y el novio, de las respectivas familias, aunque fue muy duro para mí el asumir que en verdad este chico, al que yo apreciaba como un hermano pequeño, de repente se hubiera convertido en un hombre... casado... 

Él estaba siguiendo los pasos de Julián, su padre, en la inmobiliaria, pero orientándose hacia los alojamientos turísticos sostenible en diversos puntos del litoral, utilizando materiales como el super-adobe, extrayendo el agua de acuíferos subterráneos y, por supuesto, con un programa integral de energía solar y de reciclaje... pero en aquél momento, solo tenía sus estudios de arquitectura, sus ganas de hacer cosas diferentes en la vida y el amor por su mujer... además de sus partidos con el “Unicaja”… De viaje de bodas se fueron a Fuerteventura, a una urbanización que defendía los mismos principios que él...

            El banquete y la fiesta se hicieron, por supuesto, en el “Hotel Imperial” de Málaga, donde cerramos una planta entera para los invitados de los novios, y luego, a ellos les metimos en la "Suite Imperial", con el acostumbrado surtido de bombones, cava, agua mineral helada, zumos, un impresionante jacuzzi con albornoces de regalo de la mayor calidad... y todos los pequeños detalles imaginables...

Mi hermana fue la persona que cogió el ramo, y la mirada de su eterno novio, Alfonso Coronel Blanco, nos hizo entender que en no mucho tiempo tendríamos que bajar para la boda familiar a Madrid...

La Feria, con las temperaturas suaves de la noche, y la gran afluencia de público, fue un enorme éxito... además de la primera vez que Luis subía en los cacharros, vestido con su traje de cordobés... aunque al principio se asustó bastante, con tanta gente, tanto ruido y baile... Parecíamos recién salidos de un tablao, Yolanda con su traje de gala, y su peinado, y bailando todo lo que podía; yo, más comedido, me defendía lo mejor posible, sobre teniendo en cuenta mis dos pies izquierdos demostrados, según afirmaba Vicky, mi profesora de bailes de salón... Creo que habría estado contenta de mí... y que habría sonreído... puesto que no me había olvidado de muchos de los pasos que con tanto celo aprendí para nuestra boda…


            El resto del año transcurrió sin novedad: Borja y Cristina se instalaron por fin en su nueva casa, aunque la amueblaron de forma mucho más moderna... Una vez más, toda la familia, incluyendo esta vez a los padres y al hermano pequeño de Cristina, David y Catalina, y mi madre, mi hermana y su novio, se reunió en nuestra casa en Nochevieja... Y para mayor comodidad, hicimos venir un catering especial del hotel, pues la familia iba creciendo, Kenji y Ayumi fueron los maestros de ceremonias, y todos nos quedamos a dormir repartidos entre las tres casas...

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