Este fue uno de nuestros relatos favoritos del año 2010, quizás porque
trata de uno de esos temas que nos gustan siempre: la frontera entre la
amistad, el amor y el deseo… Y de lo difícil que resulta en ocasiones cambiar
de uno al otro…
"Date
la vuelta, me dices, y dame la toalla...
No seas malo, y déjame conservar aquello
que debe permanecer así, prueba de amistad... Deja que todo siga como hasta
ahora… como siempre ha sido… para que pueda refugiarme entre tus brazos…"
Pero yo sé
que no lo haré, amor... Lo siento...
Que ha
pasado demasiado tiempo, y espacio, entre nosotros, y que la última frontera,
la postrera muralla, debe ser
derribada... que esta amistad no llega más lejos, amor...
Porque no
puedo soportar por más tiempo que un puto imbécil se aproveche de ti... que te haga daño, casi siempre, y
llores... tus lágrimas sobre mi hombro, en mi pecho... tus brazos en torno a mi
cuello, sofocada... y acompañarte a tu dormitorio, arroparte... llevarte una
infusión a la cama, y quedarme, a tu lado, acariciándote
la cabeza muy suavemente, mientras cesan las lágrimas...
Sintiendo
al mismo tiempo las oleadas tristes, que lentamente se van alejando de tu
ser... Lo siento, amor... pero hoy hemos alcanzado, sin pensarlo, la última
frontera: no puedo más... Me muero por dentro de no poder confesarte, mi vida,
todo lo que siento por ti, desde
hace... Dios sabe cuánto tiempo... Quizás desde siempre...
Desde
aquella mañana en el patio del colegio... Siempre juntos... siempre amigos,
¿verdad? Y así ha sido durante mucho tiempo, matando, asfixiando, cualquier
asomo de sentimiento, sacrificando mis propios deseos y ansiedades, por estar
siempre a tu lado, apoyarte, calmarte, ser tu paño de lágrimas, causadas por
otros...
El amigo
fiel, sin novia conocida, por estar siempre, siempre, enamorado de ti, de mi
mejor amiga... Desde siempre…
Sí, amor,
yo hace mucho tiempo que comprendí cuál era el problema: que mi vida no tenía
sentido, lejos de ti... Por eso, irnos a vivir juntos a Madrid, pagar entre los
dos el piso, los gastos, era bueno... Sobre todo, porque así podría protegerte,
y mimarte, y estar contigo, disfrutar de la luz de tu presencia… La de veces
que he estado a punto de entrar en tu habitación, cuando te escuchaba llorar,
por cualquier imbécil que te había hecho daño… Cuántas noches me he quedado en
el umbral de tu puerta, atisbando por una rendija, para comprobar que estabas
durmiendo tranquila, con tu pelo de muñeca de porcelana y tu carita, tan dulce,
bañada por la luz de la luna…
Tu madre,
en el fondo, sabía que yo estaría
aquí, a tu lado, siempre, ayudándote, vigilándote... amándote, como siempre, en
silencio... El amigo siempre fiel, que nunca falla, casi un diosecillo protector... Pendiente de ti, amor,
de tus sentimientos, de tus sueños, dispuesto a sacrificarlo todo por ti…
incluso aquél sentimiento que me estaba corroyendo por dentro…
Pero ya no
puedo más, amor... Casi me da igual lo que pase... Estoy tan cansado de verte
llorar, de intentar protegerte...
De ser
“solo” tu amigo... cuando en mí despiertas ansias de absoluto…
Comprenderás que
debo arriesgarme: total, no tengo nada que perder... Te daré la toalla a través
de la cortina de la bañera, te arroparé con ella... pero no antes de verte, de
pasear suavemente la mirada por tu cuerpo, que mil veces he intuido bajo las sábanas...
Y me acercaré a ti... Y depositaré la toalla sobre tus
hombros, y secaré tu naricita, y como
tantas veces imaginé, te rodearé, suavemente, entre mis brazos, y saldrás,
despacio de la bañera... Y me convertiré en tu segunda y cálida piel... Amor
mío...
Dentro de unos
segundos, me daré la vuelta, con la toalla lista, y mirándote a los ojos... Y
en tus ojos, cuando veas que no hurtaré la mirada cuando te levantes, veré la
respuesta... ¿Quién mejor que yo para amarte, que lo sé todo de ti desde hace tanto tiempo? ¿Alguien más que yo te conoce tanto, para
anticipar el menor de tus deseos, de tus penas, y alegrías, para hacerte reír? ¿Conoces acaso hombros más
acostumbrados a ser tu paño de lágrimas, que los míos; o brazos, más
acostumbrados a ampararte, a estrecharte contra mi pecho? ¿Crees de verdad que
alguno de tus pretendientes es capaz de amarte, siquiera, la mitad de lo que yo
te amo?
Amor,
aquella extraña palabra, que me quita el sueño… Aquél sentimiento disfrazado de
amistad… que durante tanto tiempo no he tenido más remedio que esconder a los
ojos del mundo…y que no me he atrevido a revelarte hasta hoy…Hoy cruzaremos juntos
la última frontera...”
No hay comentarios:
Publicar un comentario