El viernes
por la mañana, cogí de nuevo la moto: había pasado varios días con el “Smart”, porque el tiempo era demasiado
frío para sacar de paseo a Luis... Y fue entonces, al revisar los bolsillos,
cuando encontré el “pen drive” que me había facilitado Almudena, la secretaria de mi padre. A pesar
de mi curiosidad sobre su contenido, tuve que esperar hasta la tarde, alrededor
de las cinco para, una vez terminadas mis tareas, enchufarlo al puerto USB de mi ordenador del despacho...
Había un poco
de todo: listas de libros por leer, apuntes sobre alguna exposición que le
había gustado mucho, incluso los planes de un viaje a París, que le hubiera
gustado realizar con mi madre en primavera... Y luego, una carpeta de archivos,
con mi nombre, que estaba protegida mediante una contraseña... Tecleé la que me
había facilitado Almudena, “ismaelyyolanda”,
y me encontré con varios documentos: una copia de su testamento actualizado,
instrucciones detalladas para el abogado de la familia, para llegar a un
acuerdo con los otros herederos y solucionar una herencia que se remontaba a mis
bisabuelos (como en “Casa Desolada”, de Charles Dickens), explicaciones
bastante detalladas sobre lo que debía hacerse con sus cosas... y luego, una
carta, escrita dos semanas antes de su muerte...
“Querido
Ismael... Antes que nada, me gustaría pedirte perdón, por todos los malos
recuerdos que todavía es posible que conserves de tu infancia... Además de
Escorpio, soy una persona de carácter muy temperamental, me sulfuro con
facilidad, y sé que mis ataques de rabia son temibles... Muchas veces me he
planteado por qué tu madre seguía conmigo, cuando ganaba más dinero que yo, con
un buen trabajo, y tenía su casa propia en Canillejas... En demasiadas
ocasiones he temido volver, y encontrarme una nota en la puerta, en la que me
dijera que se había terminado todo entre nosotros... y yo me quedaría solo…
Mi mayor
problema, al menos uno de los principales, ha sido mi incapacidad de dar
muestras de cariño. Podría achacarlo a mi infancia, que de sobra sabes que no
ha sido fácil, a la escasez de refuerzos positivos, mas en el fondo, todo se
resume a que tampoco he recibido auténtico cariño hasta que conocí a tu madre y
a tus abuelos. De todas formas, tengo miedo de haberte transmitido esa
incapacidad de expresar tus sentimientos... y espero que Yolanda y mi nieto te
ayuden a compensarlo...
Yolanda
me gustó desde el primer momento, pensé que era una chica inteligente,
luchadora, que sabía escuchar, capaz de amarte, y de hacer cualquier sacrificio
por ti (y que tú harías lo mismo por ella)... y, sin embargo, jamás se lo he
dicho... Igual que nunca te he dicho que te quiero, que estoy orgulloso de ti,
de lo que has ido consiguiendo en la vida, de la manera en que no te has
rendido a la hora de perseguir tus sueños, aunque ha sido Yolanda quien te ha
dado fuerzas muchas veces… sin que tú te dieras cuenta en el momento… En ese
sentido, se parece mucho a tu madre…
Al principio, me avergonzaba de ti, Ismael, por
dejar el periodismo, y marcharte de Madrid, por amor, para trabajar en la
recepción de un Hotel, por muy Imperial que fuera: estabas tirando a la
basura tantos años de formación, de sacrificios, para terminar detrás de un
mostrador... Pero me demostraste, una vez más, que estaba equivocado, al seguir
formándote, al apostar por ti
mismo y por tu carrera, y avanzar lento pero seguro hacia la meta que te habías
marcado: emprender un nuevo camino, que te ha llevado a ser el Director de
Comunicación del Hotel,
y prosperar en la empresa...
Un
consejo; no olvides jamás que eres parte de un equipo, de un grupo de personas
que trabajan a tu lado, y que el secreto de cualquier éxito es conocer bien a
tus colaboradores... y mejor aún a tus enemigos, porque los tendrás...
Hace un
par de meses, me detectaron un tumor de grado III en la lengua, yo sabía de
sobra que podía ser maligno, pero como también tengo otros achaques de salud,
no tiene mucho sentido preocuparse, ¿verdad?
Con las cardioversiones
eléctricas y químicas que me han realizado en los últimos años, tengo bastante
asumida mi propia mortalidad... y la vejez y la decrepitud me asustan bastante,
como tú bien sabes…
Lo que
más lamento, es el no formar apenas parte de tu vida... En los últimos años,
nos hemos visto cuatro veces... No se trata de una recriminación, Ismael, sino de un
hecho consumado y mensurable: vuestra boda, el bautizo, aquella semana que
pasamos en la casa de tus suegros en Benalmádena, y la última, hace un
par de meses, cuando nos invitasteis al chalé que os había “regalado” vuestro
suegro... Creo que lo que tuve fue mucha envidia de no poder ayudaros como
él...
Ahora
mismo, quisiera formar parte de vuestras vidas, para decirle a Yolanda que la
admiro, por lo que está consiguiendo tanto en su trabajo de “head hunter” como por los
servicios de consultoría... o bien a ti, Ismael, que lo estás haciendo
bien, no bajes la guardia, y estrecha los lazos con la familia, pues al
final, son los únicos importantes; y no permitas que tu trabajo te aleje
demasiado de tu mujer y de tu hijo... tal y como me ha pasado a mí…
Me
hubiera gustado poder estar más tiempo con mi nieto, Luis, haberle cogido en
brazos más veces, y haberle contado un cuento tras otro, mientras le paseaba
por el pasillo hasta que se durmiera, igual que hacía contigo el abuelo Luis...
No cometas los mismos errores que yo, hijo mío. No te pases de severo, ayúdale a encontrar su propio
camino, escúchale, cógele en brazos como hacía
contigo el abuelo, malcríale
si lo deseas, pero no mucho... En definitiva, trátale como te hubiera gustado
que yo te tratase a ti...
Y procura
ser moderadamente feliz...
Muchos
besos y abrazos de tu padre, que te quiere... aunque no se le dé bien
expresarlo…”
No había más
contenido en el lapicito, al margen de
unas cuantas fotos mías con Yolanda y con Luis... Pero también una selección de
fotografías, escaneadas, de mi infancia
y adolescencia: algunos viajes, vacaciones, excur-siones de fin de semana, cumpleaños,
lugares que no recordaba... Una vez más, tuve que dar las gracias por estar
solo en el despacho, y por que fueran casi las ocho de la tarde... Puesto que
en aquél momento, permití que las lágrimas salieran a borbotones, mientras
releía por enésima vez la carta... ¿Acaso intuyó la proximidad de su muerte? ¿O
quería acercarse de nuevo a nosotros?
En el fondo,
se trataba de un mensaje desde la tumba, de la última voluntad de mi padre...
Para recobrar la calma y tranquilizarme,
estuve un rato meditando, tal y como me había enseñado Ayako Wada,
y sobre las diez de la noche, entraba en casa, con una carpeta de hojas impresas, que al día
siguiente le enseñaría a Yolanda... Pero lo que más necesitaba, en aquél
momento, era hacer el amor con ella...
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