Durante
estos años, he llegado a pensar que de nuestros dos hijos, Claudia es la que
más se parece a Yolanda… Tienen casi los mismos gustos, una forma de ser muy parecida…
Y sobre todo, un espíritu romántico bastante acentuado…
Y se conoce que a los dos nos va mucho lo
de enamorarnos de jóvenes… Porque si no, no me explico demasiado bien la
relación de mi hija Claudia con Sebastián Guerrero López… su primer amor desde
los primeros tiempos de la guardería… Casi hasta la actualidad…
Se conocieron al poco tiempo de empezar el
curso, en la guardería “Las Nieves”…
Claudia nunca ha sido una chica tímida (en eso no ha salido a su padre), y
siempre ha tenido muy claro lo que quería… y ha puesto los medios necesarios
para conseguirlo… Al contrario que Luis, ella no montó ningún expolio, ningún
numerito, el primer día de la guardería: ya en el patio de entrada del
chalecito, después de unos inevitables pucheros por el miedo de separarse de
Yolanda, se fijó en un grupo de niñas de su edad, que estaban jugando a la
comba en un rincón del patio (la guardería está ubicada en un chalecito cerca
de nuestra casa de Benalmádena)… Se acercó a ellas, y con todo el desparpajo de
su carácter sociable, les dijo: “Creo que
estáis jugando mal. Es mucho más divertido si saltamos dos de nosotras a la
vez… ¿Alguien se apunta?”…
Aquella fue su primera intervención en
sociedad… Y en pocos días se convirtió en líder de la pandilla… Algunos días
después, una de sus monitoras nos informaba de su comportamiento: “Su hija es una líder nata… pero es bastante
cabezota: en poco tiempo ha montado un pequeño campeonato de saltar a la comba…
y también le gusta jugar a las chapas con los niños de su edad… y es muy buena
jugando con la pelota… Pero lleva muy mal que le nieguen algo... Me pregunto a
quién habrá salido…”
Desde
luego, en ese aspecto no se parece demasiado a mí… Más bien, me recuerda mucho
a Yolanda… Al cabo de varias semanas, sin embargo, notamos que su
comportamiento había cambiado… Estaba, no sé, más triste… Y tenía menos ilusión
por ir a la guardería… Y se acicalaba menos… Ella, que siempre ha sido muy
presumida, y que desde el primer momento ha tenido muy claro que no le gustaban
las falditas ni los vestidos (“eso son
cosas de niñas”, le decía a Yolanda cada vez que intentaba ponerle uno de
los vestidos que nos había regalado Catalina, su abuela), porque siempre le han
gustado los pantalones vaqueros, las cazadoras vaqueras y las camisetas, de
repente dejó de preocuparse por su aspecto… y también tenía menos apetito… Una
tarde del mes de enero de 2009, me decidí a hablar con ella…
“¿Qué te pasa, Claudia? ¿Ya no te
gusta ir ala guardería, y jugar con tus amigas?”,
le pregunté…
“No, Ismael, no es nada de eso…”
(Nunca he conseguido que me llame “papá”, para ella siempre hemos sido
Ismael y Yolanda).
“¿Tienes algún problema? ¿No te
tratan bien las señoritas profesoras? ¿Has cambiado de amigas? Porque me han
dicho que pasas mucho tiempo sola…”
“¡Que
no, Ismael! ¡Que no se trata de eso! Es… algo mucho más importante…”
“¿Y entonces… de qué se trata?”
“¡Que Sebastián no me hace caso!”,
me dijo, antes de salir en tromba del comedor, dando un portazo…
Aquella tarde, no hubo manera de conseguir que
dijera nada más… Se puso a jugar con los juguetes de Luis en un rincón del
pasillo… Y me decidí a esperar una ocasión mejor… Aunque el lunes siguiente
hablé con una de sus monitoras, para recabar más datos sobre aquél misterioso
Sebastián… Por eso hablé con Leticia Dilce Gutierrez, una de sus profesoras,
cuando fui a buscarla el después del trabajo… “Me parece que su hija está enamorada de uno de los chicos más
“grandes”… Se llama Sebastián Guerrero López, es dos años mayor que ella… Y
está en la clase de los mayores… Sus padres son arquitectos, y trabajan para
FCC”, me respondió, mirando por encima su ficha… “Es un buen chaval, algo tímido y reservado… a quien le encanta leer… y
jugar al fútbol (por cierto que es muy buen portero)… Mire, ahora está saliendo…
Es ese chico rubio, que sale de la mano de su madre…”
“¿Y es bueno en los estudios?”,
le pregunté a Leticia…
“Sí, es un chavalito de lo más
inteligente, muy bueno en Lengua y en matemáticas… aunque es bastante tímido…
¿A qué se debe este interrogatorio?”, me respondió ella,
con una media sonrisa que la hacía rejuvenecer unos cuantos años…
“Nada,
no es por nada, simple curiosidad… Ya sabe usted, cosas de críos…”, le
respondí… Tras ello, me despedí de ella, y regresé al monovolumen (me temo que
el “Smart” de Yolanda, incluso mi
propia Harley habían pasado a la historia como medio de trasporte adecuado para
recoger a las fieras)…
Pasaron
varios días… Y Claudia no volvió a hablar de Sebastián… Hasta que una tarde,
con mirada cómplice y asegurándose de que Yolanda no podía oírnos, me dijo en
la cocina: “Creo que sé lo que tengo que
hacer para gustarle, aunque sea un poquito… Estoy organizando un equipo de
fútbol con mis amigas… ¿Podrías enseñarme cómo se meten goles?”
Ups…
Momento difícil donde los haya… Porque yo siempre he sido muy malo para los
deportes… Menos mal que Borja, además del baloncesto, también era un “as” en el fútbol… Varias tardes por
semana, se convirtió en el entrenador de mi pequeña Claudia… aunque fuera
jugando en el patio… y asustando a nuestros galgos consentidos…
Al
cabo de varias semanas de “duros
entrenamientos”, Borja me dijo que Claudia “parece tener una habilidad innata para los deportes… Aunque no
entiendo su repentino interés por el fútbol… ¿Acaso me estás ocultando algo?”
“No es nada”,
le respondí… “Será algo pasajero…”
Porque lo que yo no podía hacer era traicionar la confianza que mi hija había
depositado en mí… y ni siquiera Yolanda estaba al tanto del primer amor de mi
hija…
Pasaron
varios meses… Y noté que Claudia estaba más feliz cada día que pasaba… Incluso
me hizo comprarle unos uniformes del “Málaga”
para ella y para sus cuatro mejores amigas… Y un buen día del mes de abril,
Claudia me dijo, muy feliz: “¡Ya somos
novios! ¡Hemos tenido nuestra primera cita en el jardín, y nos hemos besado con
lengua!”
Pero
esta felicidad le duró muy poco tiempo: en junio, Claudia me dijo, entre
lágrimas… “¡Se va! ¡Ya no me quiere, y se
va! Mi vida está acabada… Ya nada volverá a ser como antes…” y tras estas
palabras, se encerró en su habitación…
La
tarde siguiente, el dieciocho de abril de 2009, hablé otro ratito con Leticia,
y me contó que sus padres se mudaban a Madrid para realizar unos trabajos para
FCC… y que ni siquiera era seguro que fueran a volver después a Málaga…
El
mes de junio, al terminar las clases, Claudia se despidió entre lágrimas de “su” Sebastián… Todavía no tenía su nueva
dirección, pero prometió mandarle una carta con sus datos, para que siguieran
escribiéndose y continuaran con su relación… Dos semanas después llegó la
primera carta, y desde entonces han estado escribiéndose…
Y
yo no puedo evitar recordar a Laura… aquél antiguo amor… y en secreto envidio a
mi hija (que por cierto siguió jugando al fútbol)… porque al menos, con las
cartas y las llamadas telefónicas, no ha perdido su primer gran amor… Solo el
tiempo dirá hasta qué punto permanecerá con vida en su corazón…
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