Y
llegaron y pasaron las navidades del año 2004... Las fiestas organizadas en los
hoteles de Málaga y de Marbella fueron un rotundo éxito…. Y una vez más,
dejamos a los niños con Julián y Catalina en fin de año, y nos fuimos a
comenzar el mes de enero en un balneario, para desconectar un poco de nuestros
trabajos, de los críos (Luis era un auténtico torbellino de cinco años, y la
pequeña Claudia tampoco le iba a la zaga) y del propio estrés…
Nosotros éramos muy felices, y con los dos
niños, nuestra pequeña familia estaba ya completa… Por eso, y porque me parecía
injusto que Yolanda siguiera con la píldora, decidimos que había llegado el
momento de tomar alguna medida algo más drástica, cortante incluso, para evitar
un nuevo embarazo…
Y la verdad, nunca nos gustó demasiado
utilizar preservativos… Por eso, y tras mucho hablarlo y consultarlo con la
almohada, decidimos que la mejor alternativa era que yo me hiciera la
vasectomía… Conste que la decisión fue mía, y que en ningún momento me sentí
presionado por Yolanda… pero también lo es que la operación me despertaba cierta
inquietud…
Por
eso decidimos consultarlo con un especialista, el doctor López Botero, de la
clínica “Nuestra Señora Del Rosario”… Debo confesar que la intervención
me daba bastante grima, sobre todo porque soy exageradamente tímido en lo que
se refiere a mostrarle mis partes a extraños… Pero lo que más desconfianza me
inspiraba era el ponerme en manos de un extraño, y someterme a un
reconocimiento médico… Tampoco me entusiasmaba la idea de que la operación
fuera irreversible… Pero al mismo tiempo era plenamente consciente de que era
la mejor solución para nuestro pequeño problema…
Desde
el primer momento, me gustó el doctor López Botero, quizás porque su apretón de
manos era firme y enérgico, su mirada franca, o su aspecto levemente bohemio
(incluso a pesar de recibirnos con su bata blanca, debajo llevaba un jersey de
cuello vuelto negro y unos vaqueros desteñidos). Rondaría la cincuentena, pero
a pesar de todo, su estado físico era envidiable… Y su voz, que sería perfecta
para un programa de radio (años después le invité a participar en el mío), era
clara, precisa y modulada…
La
primera consulta, la pasamos hablando de las ventajas de la vasectomía frente a
otros medios anticonceptivos al uso de aplicación en parejas estables, y de por
qué se acomodaba perfectamente a nuestras necesidades. También nos explicó de
forma detallada el procedimiento, que sorprendía por su sencillez y relativa
comodidad para el paciente… Pero sobre todo, sirvió para quitarme buena parte
del miedo, sobre todo en lo referente a la capacidad posterior de mantener
relaciones sexuales… que era uno de los temas que más me preocupaban…
Incluso
nos mostró con detalle en qué consistía el procedimiento, mediante un dibujo a
gran escala… Me gustó su forma de explicarlo, la verdad, como si no pasase
nada, o como si fuera la operación más corriente del mundo… y sin dudarlo, para
él lo era, puesto que realizaba varias intervenciones del mismo tipo casi cada
día (menos los fines de semana)… “No se
preocupe usted, Ismael… No hay ningún riesgo… La intervención, como verá es
sencillísima, no requiere una cirugía complicada, no hace falta estar
internado, y se usa una anestesia local. Yo mismo me encargaré de realizarla… Y
lo más importante, por lo menos eso me han dicho los demás pacientes: no debe
usted preocuparse por los efectos secundarios, porque no los tiene. Ni usted se
acordará de ella, y no implica ninguna diferencia al hacer el amor con su
esposa, ni una disminución del deseo… El único inconveniente es que debe
realizar una cuarentena después del procedimiento quirúrgico… y por precaución
los dos primeros meses les aconsejo que
sigan utilizando la píldora o el preservativo… aunque después, podrán practicar
y disfrutar de una vida sexual plena y sana…”
Al
final, salí de la consulta plenamente convencido de haber tomado la decisión
adecuada… Y quedamos en vernos el tres de marzo de 2005 para la cirugía…
La
noche anterior, por si las moscas y teniendo en cuenta la cuarentena posterior,
Yolanda y yo la pasamos en una de las “junior
suites” del Hotel… Los niños se quedaron una vez más con mis suegros… Y
debo confesar que en muchos sentidos fue memorable… Sobre todo porque nos
entregamos a ciertos juegos sexuales, que implicaban chocolate negro fundido y
una botella de “Moët Chandon”…
Acudimos
a la clínica a las diez de la mañana… A pesar de los nervios iniciales,
realizamos los procedimientos de inscripción si el menor problema, y a las once
de la mañana ya estaba en quirófano… Para alguien tan tímido como yo, resultó
un pequeño problema el comprobar que el doctor López Botero iba a estar
asistido por una hermosa enfermera (solo recuerdo sus ojos brillando detrás de
la máscara)…
Me inyectaron la anestesia local, luego me
rasuraron completamente las ingles… y en poco más de media hora ya estaba
fuera… ¿Miedo… quién dijo miedo?
Bueno,
es cierto, algo de miedo sí que pasé, sobre todo al pensar que tendría objetos
punzantes y cortantes por mis partes pudendas… Pero creo que si todos los
varones con la misma decisión de no tener más hijos hubieran sido tan bien
asesorados como nosotros, le tendrían menos miedo a la vasectomía…
Para
qué engañaros… Lo que llevé peor fue la dichosa cuarentena, porque era evidente
que mi deseo por Yolanda no había disminuido lo más mínimo… Y que ella también
disfrutaba provocándome conscientemente, al ponerse algunos de los saltos de
cama y de los camisones cortos más provocativos y sugerentes que le había ido
regalando el año pasado…
Eso
sí… cuando terminó la cuarentena, los niños se pasaron un fin de semana
completo con los abuelos… y nosotros recuperamos el tiempo perdido…
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