A finales del año 2002, cuando la cadena preparaba su
tradicional fiesta del clavel rojo de Nochevieja, que este año tendría más
público por el boca a boca de quienes encontraron pareja el año anterior, y por
la colaboración de un par de agencias matrimoniales de prestigio, todo parecía
sonreírnos a la familia y al “Hotel
Imperial”... Fue algo épico, una de esas celebraciones que no se olvidan
fácilmente… sobre todo los equipos especiales de limpieza... Algunos invitados
se quedaron dormidos dentro del jacuzzi del jardín, y otro más debajo del
piano. Los equipos de seguridad no tuvieron que intervenir, y los beneficios
fueron muy cuantiosos...
Pero nosotros preferimos celebrarlo en nuestra casa… Como
el año anterior, vinieron mi madre, mi hermana y Alfonso (su eterno novio),
Julián y Catalina, Ayumi y Kenji, Borja con Cristina (su esposa) y David con su
novia Catalina, y los padres de ambas... lo que era lógico teniendo en cuenta
que Borja se casó unos meses antes, y David lo haría en mayo de 2003... Nos
juntamos más de veinte personas, la comida nos la trajeron desde el “Hotel Imperial Marbella”, y pudimos comprobar que era excelente, como siempre...
Comimos demasiado, bebimos lo justo, hicimos bastante el ganso, bailamos
(menuda lección de sevillanas que nos dieron mis suegros), y decidimos no salir
del "búnker" hasta bien
avanzada la primera tarde del 2003...
No se escuchaba ni un solo ruido ni dentro ni fuera de
las tres casas, el tiempo parecía haberse detenido… Se trataba posiblemente de
un momento mágico, y Yolanda y yo verbalizamos el mismo deseo, la misma idea,
que habría afectado a nuestros corazones incluso sin la intervención de
Agustina Golden... "¿Y si tenemos
otro bebé?", me preguntó ella... Por mi mente los recuerdos de
aquellos años, empezando por el trauma de los pañales, los llantos, dormir a
saltos, los vecinos... pero también esa sensación de crear algo, una vida, la
manera que Luis tenía de apretarme el dedo meñique con todas sus fuerzas, su
primera palabra, "mapa",
que ahora sería considerada como muy políticamente correcta, y cuando la "inventó", llamaba tanto la
atención...
Estábamos
tumbados sobre la cama, de lado, ella con un camisoncito corto de color
granate, y yo, con unos bóxer rojos y una pajarita de pega, a juego... No hubo
respuesta, me acerqué a ella, y empecé a besarla, a las dos de la tarde... No,
aquella vez no nos quedamos embarazados, sobre todo porque se había tomado la
píldora, pero comenzamos el año de la mejor manera posible...
Yo me había tomado un par de días de vacaciones, para
estar juntos, y la mañana del dos de enero, después de dejar a Luis con David
(ambos muy estresados jugando a la “play”),
aprovechamos para recorrer, con mi querida “Harley Davidson Evolution” de 1985, aquellos lugares que habían
marcado el principio de nuestra relación: la casa de sus padres, el cine, la
pensión, nuestro pequeño piso alquilado, el piso de Benalmádena que nos
prestaron sus padres... En algunos sitios, como es lógico, no pudimos entrar...
en otros, nos invitaron a tomar un café... y en el piso de Benalmádena, hicimos
de nuevo el amor... A las ocho de la tarde recogimos a Luis, y David estaba muy
mosqueado porque “el pequeñajo” había
ganado en casi todas las partidas de "Super
Mario"... Terminamos nuestra "jornada
para el recuerdo" viendo una vez más "Estallido" en el DVD del salón...
Pasaron varias semanas, nosotros seguíamos con nuestra
vida más o menos frenética, dejábamos a Luis en la guardería cercana a nuestra
casa, y luego bajábamos a Málaga... Me gustaba, siempre me ha gustado sentir a
Yolanda, su hermoso cuerpo pegado contra mi espalda, mientras nos deslizábamos
entre el tráfico de primera hora de la mañana, a lomos de mi fiel “Harley Davidson Evolution” de 1985... La
dejaba en el ayuntamiento, y tras un largo beso, yo regresaba al Hotel, a mis
clases de Kendo, las lecciones de japonés, el diseño y propuesta de estrategias
corporativas con los demás departamentos, intensas y numerosas reuniones con
grandes y medianas empresas, organizadores de congresos y eventos,
corporaciones... El mayor problema del “Hotel
Imperial” de Málaga era la falta de espacio para las reuniones, y que solo
contábamos con las carpas externas en primavera y otoño...
Y entonces, surgió la gran oportunidad a finales de
enero: se produjo un incendio en unos salones de bodas, situados a dos manzanas
del “Hotel Imperial” de Málaga, y el
dueño optó por venderlo al mejor postor, dentro de una subasta cerrada. Era un
local inmenso, más de tres mil metros, en la parte inferior de un edificio de
oficinas, con plazas de garaje, y muchas posibilidades... Lo estudiamos con
Kenji Watanabe y el departamento de contabilidad… Y enseguida recibí de
Hiroshima la orden de investigar la situación real del edificio, sobre todo de la
estructura... por lo que recurrí a los servicios de mi suegro, quien me derivó
hacia un prestigioso estudio de arquitectura con el que solía trabajar, puesto
que no quería realizar ninguna gestión que pudiera ser considerada sospechosa o
poco ética, “y mucho menos tras una
trayectoria tan larga dentro de aquél mundillo”. Pasamos unas tres horas
recorriendo los salones, inspeccionando las columnas, aprovechando también los
daños para raspar el hormigón de varias paredes en busca de aluminosis o de
fallos estructurales. El diagnóstico fue positivo.
Unos días más
tarde, el veintinueve de enero de 2003, los arquitectos de la corporación
hicieron sus propios cálculos y estudios, la operación fue aprobada por la
central, y la operación se cerró por un precio sensiblemente inferior al de
mercado, pero en condiciones muy ventajosas para el vendedor. El despacho
malagueño nos recomendó un par de promotores de confianza, y supervisó parte de
las reformas.
Los mismos arquitectos japoneses, con sus equipos
mixtos, terminan la operación en vísperas de Semana Santa (el veinte de
marzo)... y aprovechan para sanear y pintar las escaleras de servicio al
garaje, limpiar los suelos, y de paso, congraciarse con el resto de los
ocupantes del edificio... Es cierto, hubo personas que se preguntaron por qué
era necesario adquirir unos locales, cuando podría haberse construido una
superficie permanente en los jardines del Imperial de Málaga... pero ya con las
carpas se estaba vulnerando la legislación de urbanismo vigente... Los nuevos
salones, por su cercanía, permitieron que la corporación "Natori Fujita" diera un nuevo paso
adelante en los negocios, ofreciendo también sus facilidades en la organización
de convenciones y eventos a otros hoteles y corporaciones que los requirieran
en las fechas en que no estarían reservadas las instalaciones para la
corporación “Natori Fujita”, pues la
superficie útil era superior a los dos mil quinientos metros... Y se trataba de
optimizar los recursos disponibles y reducir el periodo sin ocupación.
Y, mientras la presión aumentaba de
manera palpable por el número de proyectos en marcha y la envergadura de los
mismos... Yolanda también empezaba a engordar... en abril se produjo la segunda
falta... por lo que, con un poco de suerte, nuestra niña, porque en eso
estábamos de acuerdo los tres, nacería en noviembre de 2003…
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