jueves, 21 de agosto de 2014

71. La familia... y uno más...

A finales del año 2002, cuando la cadena preparaba su tradicional fiesta del clavel rojo de Nochevieja, que este año tendría más público por el boca a boca de quienes encontraron pareja el año anterior, y por la colaboración de un par de agencias matrimoniales de prestigio, todo parecía sonreírnos a la familia y al “Hotel Imperial”... Fue algo épico, una de esas celebraciones que no se olvidan fácilmente… sobre todo los equipos especiales de limpieza... Algunos invitados se quedaron dormidos dentro del jacuzzi del jardín, y otro más debajo del piano. Los equipos de seguridad no tuvieron que intervenir, y los beneficios fueron muy cuantiosos...

Pero nosotros preferimos celebrarlo en nuestra casa… Como el año anterior, vinieron mi madre, mi hermana y Alfonso (su eterno novio), Julián y Catalina, Ayumi y Kenji, Borja con Cristina (su esposa) y David con su novia Catalina, y los padres de ambas... lo que era lógico teniendo en cuenta que Borja se casó unos meses antes, y David lo haría en mayo de 2003... Nos juntamos más de veinte personas, la comida nos la trajeron desde el “Hotel Imperial Marbella”, y pudimos comprobar que era excelente, como siempre... Comimos demasiado, bebimos lo justo, hicimos bastante el ganso, bailamos (menuda lección de sevillanas que nos dieron mis suegros), y decidimos no salir del "búnker" hasta bien avanzada la primera tarde del 2003...

No se escuchaba ni un solo ruido ni dentro ni fuera de las tres casas, el tiempo parecía haberse detenido… Se trataba posiblemente de un momento mágico, y Yolanda y yo verbalizamos el mismo deseo, la misma idea, que habría afectado a nuestros corazones incluso sin la intervención de Agustina Golden... "¿Y si tenemos otro bebé?", me preguntó ella... Por mi mente los recuerdos de aquellos años, empezando por el trauma de los pañales, los llantos, dormir a saltos, los vecinos... pero también esa sensación de crear algo, una vida, la manera que Luis tenía de apretarme el dedo meñique con todas sus fuerzas, su primera palabra, "mapa", que ahora sería considerada como muy políticamente correcta, y cuando la "inventó", llamaba tanto la atención...

 Estábamos tumbados sobre la cama, de lado, ella con un camisoncito corto de color granate, y yo, con unos bóxer rojos y una pajarita de pega, a juego... No hubo respuesta, me acerqué a ella, y empecé a besarla, a las dos de la tarde... No, aquella vez no nos quedamos embarazados, sobre todo porque se había tomado la píldora, pero comenzamos el año de la mejor manera posible...

Yo me había tomado un par de días de vacaciones, para estar juntos, y la mañana del dos de enero, después de dejar a Luis con David (ambos muy estresados jugando a la “play”), aprovechamos para recorrer, con mi querida “Harley Davidson Evolution” de 1985, aquellos lugares que habían marcado el principio de nuestra relación: la casa de sus padres, el cine, la pensión, nuestro pequeño piso alquilado, el piso de Benalmádena que nos prestaron sus padres... En algunos sitios, como es lógico, no pudimos entrar... en otros, nos invitaron a tomar un café... y en el piso de Benalmádena, hicimos de nuevo el amor... A las ocho de la tarde recogimos a Luis, y David estaba muy mosqueado porque “el pequeñajo” había ganado en casi todas las partidas de "Super Mario"... Terminamos nuestra "jornada para el recuerdo" viendo una vez más "Estallido" en el DVD del salón...

Pasaron varias semanas, nosotros seguíamos con nuestra vida más o menos frenética, dejábamos a Luis en la guardería cercana a nuestra casa, y luego bajábamos a Málaga... Me gustaba, siempre me ha gustado sentir a Yolanda, su hermoso cuerpo pegado contra mi espalda, mientras nos deslizábamos entre el tráfico de primera hora de la mañana, a lomos de mi fiel “Harley Davidson Evolution” de 1985... La dejaba en el ayuntamiento, y tras un largo beso, yo regresaba al Hotel, a mis clases de Kendo, las lecciones de japonés, el diseño y propuesta de estrategias corporativas con los demás departamentos, intensas y numerosas reuniones con grandes y medianas empresas, organizadores de congresos y eventos, corporaciones... El mayor problema del “Hotel Imperial” de Málaga era la falta de espacio para las reuniones, y que solo contábamos con las carpas externas en primavera y otoño...

Y entonces, surgió la gran oportunidad a finales de enero: se produjo un incendio en unos salones de bodas, situados a dos manzanas del “Hotel Imperial” de Málaga, y el dueño optó por venderlo al mejor postor, dentro de una subasta cerrada. Era un local inmenso, más de tres mil metros, en la parte inferior de un edificio de oficinas, con plazas de garaje, y muchas posibilidades... Lo estudiamos con Kenji Watanabe y el departamento de contabilidad… Y enseguida recibí de Hiroshima la orden de investigar la situación real del edificio, sobre todo de la estructura... por lo que recurrí a los servicios de mi suegro, quien me derivó hacia un prestigioso estudio de arquitectura con el que solía trabajar, puesto que no quería realizar ninguna gestión que pudiera ser considerada sospechosa o poco ética, “y mucho menos tras una trayectoria tan larga dentro de aquél mundillo”. Pasamos unas tres horas recorriendo los salones, inspeccionando las columnas, aprovechando también los daños para raspar el hormigón de varias paredes en busca de aluminosis o de fallos estructurales. El diagnóstico fue positivo.

 Unos días más tarde, el veintinueve de enero de 2003, los arquitectos de la corporación hicieron sus propios cálculos y estudios, la operación fue aprobada por la central, y la operación se cerró por un precio sensiblemente inferior al de mercado, pero en condiciones muy ventajosas para el vendedor. El despacho malagueño nos recomendó un par de promotores de confianza, y supervisó parte de las reformas.

Los mismos arquitectos japoneses, con sus equipos mixtos, terminan la operación en vísperas de Semana Santa (el veinte de marzo)... y aprovechan para sanear y pintar  las escaleras de servicio al garaje, limpiar los suelos, y de paso, congraciarse con el resto de los ocupantes del edificio... Es cierto, hubo personas que se preguntaron por qué era necesario adquirir unos locales, cuando podría haberse construido una superficie permanente en los jardines del Imperial de Málaga... pero ya con las carpas se estaba vulnerando la legislación de urbanismo vigente... Los nuevos salones, por su cercanía, permitieron que la corporación "Natori Fujita" diera un nuevo paso adelante en los negocios, ofreciendo también sus facilidades en la organización de convenciones y eventos a otros hoteles y corporaciones que los requirieran en las fechas en que no estarían reservadas las instalaciones para la corporación “Natori Fujita”, pues la superficie útil era superior a los dos mil quinientos metros... Y se trataba de optimizar los recursos disponibles y reducir el periodo sin ocupación.


Y, mientras la presión aumentaba de manera palpable por el número de proyectos en marcha y la envergadura de los mismos... Yolanda también empezaba a engordar... en abril se produjo la segunda falta... por lo que, con un poco de suerte, nuestra niña, porque en eso estábamos de acuerdo los tres, nacería en noviembre de 2003…

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