Volvimos a
casa cuando ya era noche cerrada... Nadie tenía ganas de cenar, pero de todas
formas, lo intentamos: los más jóvenes pedimos una "pizza", y para cambiar
un poco el chip, nos pusimos a ver "Matrix",
aunque no me preguntes cuál de las tres... Serían las diez y media cuando
Yolanda se retiró a nuestro dormitorio, “para
leer un poco, ya sabes…” y sin embargo, desde el comedor la oía sollozar...
Yo no tardé mucho tiempo en seguirla, en mi doble condición de novio y de mejor
amigo...
Estaba
sentada en el borde de la cama, y yo la desnudé muy despacito, le puse el
camisón turquesa, y la ayudé a acostarse, dejando encendida la pequeña lámpara
de plasma, que por sus cartas yo sabía que la relajaba... No hice más que estar
allí, sentado, acariciándole muy suavemente la cabeza, hasta que su respiración
se relajó...
Y entonces, y
solo entonces, me dejé caer a los pies de la cama, con la espalda apoyada en la
pared, sabiendo que por encima de mi cabeza estaba la superficie de corcho en
la que ella había puesto muchas de nuestras fotos, como aquella que le hice en
el restaurante, echando azúcar en el café, y con la porción de tarta delante...
Aquella sonrisa tan llena de magia... O bien la otra foto, creo que de la misma
noche, cuando nos acercamos al puerto, y solo se la veía a ella, sentada,
mirándome, con sus inmensos ojos iluminados por la luna llena... Había pasado
tanto tiempo desde entonces...
Me quedé allí
sentado, mirándola, velando su sueño, a la luz de la lámpara de lava... Estaba
tan hermosa, que no quería despertarla... pero, con la luna menguante, comprobé
que me estaba mirando... Abrió las sábanas, yo me quité la ropa, me puse el
"bóxer" de la
rana Gustavo, y me tumbé a su lado... y nos quedamos dormidos... mientras su
cuerpo se amoldaba a mi espalda...
El jueves 13
de agosto nos entregaron la urna con las cenizas de doña Clotilde, a quien de alguna manera,
aunque se tratase de un reflejo de mi amor por Yolanda, o bien por
la charla que tuvimos la tarde anterior, yo sentía más cerca... Era una urna
pequeña, de colores opacos... Su marido la estaba esperando en el nicho, hace
varios años que se efectuó una reducción de restos, y ahora sobraba espacio... Era
una mañana gris y ventosa, la urna fue pasando de mano en mano, y en aquél
momento, me sentí mortal...
Todos necesitábamos descansar, porque el sábado
quince teníamos una boda, y el dieciséis, dos... Borja y David se fueron de acampada con unos amigos
(y amigas), sus padres se quedaron en casa, y nosotros nos desplazamos hasta su
casa en Benalmádena, donde nos
conocimos, incluso deslicé los dedos de mi mano derecha sobre la superficie de
agua... Habíamos ido preparados con algunas de nuestras películas favoritas,
"Ghost", "City of Angels", "El fantasma y
la señora Muir", "Carta de una desconocida",
"Cyrano de Bergerac"... Pero, después de las
dos primeras, apagamos el DVD, la
televisión, cogimos las toallas y demás aditamentos,
y nos bajamos primero a la piscina, y luego a la playa... Con la muerte en la
memoria, necesitábamos las caricias del
sol y de la vida...
Estuvimos
pensando en la mejor manera de comentarle a la familia que teníamos pensado
casarnos, bien ese año, o bien el que viene, pero aquél tema lo dejamos
pospuesto, para centrar todas nuestras energías... en nosotros... El placer
inmenso de una bañera grande, llena de agua caliente, rodeada de decenas de
velas, y con un poco de incienso en el pebetero... Las caricias, tan leves,
pero tan intensas, de la persona amada, anulando patrias, sentimientos y
banderas, entre nubes de vapor... Quedarnos juntos, mientras el agua se va
enfriando, y terminar con una suave ducha, que arrastra los restos de perezosa espuma,
tibia y fragante... Secarnos mutuamente, con toallas de algodón blanco, y
entonces, convertir la cama en un campo de batalla... y dormirnos, agotados y
satisfechos, imaginando el arrullo del mar...
La boda del
sábado fue un éxito, con el equipo al completo, los novios aceptaron nuestras
sugerencias, y casi desde el principio, con las fotos de la novia mientras la
vestían, o el padre del novio haciéndole el nudo de la pajarita, ya estaba
claro que podíamos realizar un buen reportaje... Aquella fue la primera vez que
utilizamos una cámara digital como refuerzo, porque Gonzalo era el único que sabía manipular los
negativos y hacer las copias en laboratorio; y pensamos que trabajaríamos más rápido y mejor con
ordenadores... La versatilidad de lo digital nos gusto, aunque para las fotos más
"clásicas", preferíamos la magia de lo analógico...
El sábado por
la noche salimos los cuatro a tomar unas cervezas en el mesón "La
buena Mano", les anunciamos a Gonzalo
y a Leyre nuestro compromiso... y ellos
nos sorprendieron a su vez, anunciándonos el suyo... Pero lo más importante de
aquella noche, fue la decisión que tomamos de consultar con Catalina la forma
de convertirnos en una pequeña empresa, buscando subvenciones, para transformar
lo que de momento era el medio de vida exclusivo de Gonzalo, en una aventura de la que pudiésemos
participar todos... Yolanda se lo comentaría a su madre, y de todas formas, Leyre iría al Ayuntamiento, para obtener más orientación sobre los
requisitos de las pequeñas y medianas empresas...
El domingo, sobrevivimos a las dos bodas... lo digo
porque la víspera es posible que fuéramos demasiado abundantes con los brindis,
y sin las cuatro aspirinas que me tomé al despertarme dudo mucho que hubiera
conseguido enfocar bien la cámara digital... Aunque tal vez hubiera alguna foto
más desenfocada de lo habitual...
Por la tarde,
celebramos una reunión familiar... para anunciarles que habíamos pensado en
casarnos el año que viene, puesto que no tenía mucho sentido ir aplazando algo
que sabían familia, amigos y conocidos... Pero esta vez, me tocó a mí
soltar el pequeño discurso, donde estuvieron presentes todos los tópicos del
género: "tantos años juntos... nos ha llegado el momento... ser una
misma familia... amor...". Borja
y David, que por aquél entonces se
habían convertido en dos monstruos de más de dos metros de alto y ciento y pico
kilos de peso, se pusieron a hacer el indio (literalmente),
y levantaron a Yolanda a pulso, con silla y todo, y la dejaron en medio de la
habitación; luego hicieron lo mismo conmigo; para bailar después en el mejor
estilo apache... No sé, igual se trató de lo absurdo de la situación, pero al
final todos terminamos riendo...
En principio,
la boda se celebraría en Málaga, y a Catalina le haría ilusión que fuera en el
convento iglesia de San Agustín, pues allí es donde se casaron Julián y ella... A mí me daba igual, de todas
formas, mis invitados serían muy pocos, y avisando con algo de tiempo, podrían
coger un vuelo desde Madrid, Santander y Donosti...
No teníamos ganas de correr, la lista de espera en las iglesias más hermosas
era bastante larga...
Pero dos
semanas y media después, comprendimos
que no disponíamos de tanto tiempo...
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