A veces, creo que mi
hijo Luis se parece más a mí de lo que yo pensaba… Le gusta casi toda mi
música, aunque al principio le daba algo de miedo escuchar a “Pink Floyd”…
Le encanta pasear por el jardín al amanecer… Disfruta mucho jugando con “Porthos”, su galgo consentido (“Atos” está más encariñado con Claudia)…
Le apasiona la lectura (sobre todo mis viejos libros de Salgari)… Y creo que
también hay un escritor en ciernes dentro de él… No hace falta otra cosa para
comprobarlo, que leer la carta que le mandó desde mi ordenador a los Reyes
Magos hace un par de semanas…
“Queridos Reyes Magos: os mando
esta carta con bastante tiempo, porque entiendo que tendréis mucho trabajo en
estas semanas antes de vuestro viaje… Sí, es cierto, algunos de mis amigos
dicen que no existís, que a mis nueve años ya no debería creer en vosotros…
Algunos de ellos incluso se atreven a decir que en realidad sois los padres…
Pero yo quiero seguir creyendo en
vosotros… Porque lleváis mucho tiempo haciendo una gran labor, repartiendo con
la competencia (ese dichoso Papá Noël que se empeña en adelantarse a vosotros
el día de Navidad, pero a quien considero vuestro ayudante) los regalos a los
niños buenos…
Este año, no quiero pediros nada
para mí… Creo que tengo todo lo que necesito: una familia que me quiere mucho
(incluyendo a mis tíos Borja y David, que aunque están un poco locos son
geniales, a mi abuelo, a mis dos abuelas y a mi tita María y a su marido), una
buena casa, y dos galgos consentidos para jugar con ellos… y un puñadito de
amigos…
La verdad, creo que vuestro trabajo
es muy importante, porque devolvéis la ilusión a los niños…. Y a los adultos… Y
también a los profesores de mi cole… Pero el otro día fui con mi madre al
Hospital Universitario Carlos Haya, para ver a mi amigo Julián: se ha partido
una pierna jugando con la bici, y va a tener que quedarse internado unos
cuantos días… Durante la visita, pasamos por muchos pasillos, muchas
habitaciones del ala infantil, en las que estaban internados muchos niños de mi
edad, y algunos mucho más pequeños… Y yo me pregunto si habrán podido enviaros
las cartas a tiempo, para indicaros su cambio de dirección… Me preocupa mucho
que llegue la mañana del seis de enero, y no tengan regalos… Me pregunto si
podéis hacer algo por esos niños, no sé, contratar ayudantes que les lleven los
regalos, o dejarlos todos en la capilla del Hospital… ¿Quién se ocupa de los
niños que están internados? ¿Podrías hacer un esfuerzo, para que todos ellos
tengan regalos?
Para mí no quiero nada… pero ellos
también deberían tener regalos… Un cordial saludo desde Málaga de parte de
vuestro amigo, que sigue creyendo en
vosotros, Luis.”
Al
leer su carta (porque la dirección de correo a la que la envió tiene un enlace
para que las peticiones lleguen a la cuenta de correo de los padres, misterios
de la tecnología…), me puse a pensar… Por una parte, en la generosidad de mi
hijo… Por otra, en su inocencia… Pero también, en su buen corazón, y en la
manera en que se preocupaba por los niños internados en los Hospitales de
Málaga… Vale, es cierto que casi todos ellos deben tener padres que se ocupen
de su bienestar, que les llevarán un regalito en una fecha tan especial… Porque
ningún niño debería estar sin un regalo el día de Reyes… Y quizás desde el “Hotel Imperial” se podría hacer algo
para conseguirlo…
Fue
entonces, el diez de diciembre de 2008, cuando le pregunté a Kenji Watanabe si
se podía hacer algo por los niños que estaban ingresados en los distintos
Hospitales de Málaga, para asegurarnos de que todos ellos tuvieran un regalo…
Le pareció una buena idea. Lo comentamos con otros directivos, y después de una
consulta rápida con Hatori Hanzo vía teleconferencia, nació la “Operación Navidad”… En una corporación
como la “Natori Fujita”, siempre
existe la posibilidad de destinar una partida de dinero a fines sociales (que
por otra parte son deducibles en el siguiente ejercicio), y aquél fue el primer
año…
Por
supuesto, no podía tratarse de regalos muy caros, por lo que nos pusimos en
contacto con los distribuidores de juguetes de la zona, para ver lo que se
podía hacer con un presupuesto ajustado… También hablamos con los departamentos
de comunicación y marketing de otros hoteles de la zona, por si les apetecía
sumarse a la iniciativa, y los resultados fueron muy positivos: al final, nos
pusimos de acuerdo los directivos de cinco grandes hoteles y de varios de
nuestros proveedores, que también se apuntaron a la iniciativa… Y ese año, y
los sucesivos, no hubo ningún niño internado en los hospitales sin un regalo de
nuestra parte, o mejor dicho, de los Reyes Magos…
Pero
la cosa siguió creciendo… Y al año siguiente, ampliamos nuestra red de
beneficiarios, incluyendo a los menores internados en los centros de acogida, y
a los colectivos de padres y madres separados… Y también lo hicimos en todos
los demás hoteles de la empresa en toda España… Cuatro años después, la “Operación Navidad” sigue en marcha…
Ahora lo hacemos todo de manera más organizada, y empezamos a comprar los
regalos en el mes de septiembre, y los guardamos en una sala de los sótanos del
Hotel, aunque muchos de ellos nos los entregan en grandes camiones la víspera,
y luego los repartimos en furgonetas por los distintos hospitales… Incluso
hemos habilitado unos centros especiales de recogida y distribución de regalos
para las familias menos favorecidas, invitándoles a una chocolatada en nuestras
instalaciones… Vale, es cierto, es una campaña especial que nos da una buena
imagen, incluso atendemos peticiones especiales de colectivos en situación de
riesgo.
Pero
lo que no puedo evitar es recordar que todo esto no habría sido posible, de no
haber sido por la carta de mi hijo Luis… Es cierto, aquél año también tuvo
regalos, pero se los dimos en el Hospital, con los demás niños… y él se sintió
muy feliz…
Han
pasado los años, Luis ya no cree en los Reyes Magos, sabe que son los padres
quienes se encargan de comprar y repartir los regalos… Pero de todas formas,
sigue manteniendo la ilusión…
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