Desde
hace varios meses, Claudia Galán García, mi gran amor de la adolescencia y de
parte de mi madurez, ha regresado con fuerza a mi vida… De hecho, está
trabajando en el “Hotel Imperial” de
Marbella… Pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que vaya a recuperar el
lugar que en su día ocupó en mi corazón...
Faltan
pocos días para la navidad del año 2006, y en los dos hoteles ya estamos
preparando nuestras tradicionales fiestas navideñas: es un hervidero, porque
hemos tenido que utilizar nuestros salones especiales en el local colindante
para los banquetes… Y tenemos garantizada para ambas fechas una ocupación
superior al ochenta por ciento… Y muchos de los huéspedes se quedarán con
nosotros toda la semana… Claudia se está encargando de la logística en el Hotel
de Marbella, y estoy muy contento con su trabajo… y parece que ella también
disfruta de su nuevo puesto dentro de la recepción del Hotel…
Todo
empezó a finales de octubre de este año, cuando recibí una carta suya, en la
que me decía que se había divorciado de su marido, Federico Luis Torres, porque
llevaba varios meses manteniendo una relación con una de sus secretarias en
Unión Fenosa… Ella ya lo sabía, o al menos ya lo sospechaba desde el mes de
enero… tantas reuniones al final de la jornada… tantas cenas de empresa…
incluso varios viajes de negocios a la costa… cuando nunca tenía tiempo para
viajar con ella y con su hijo… Por eso contrató a un detective privado para
tener una prueba de su infidelidad… Y la consiguió en junio de este mismo año…
Mientras se suponía que estaba haciendo un viaje de negocios a Barcelona… se
había registrado con Mari Carmen, su secretaria, en un hotel de lujo de la
capital… Y las fotos del detective privado demostraban claramente que no estaban
precisamente trabajando…
Ante
las pruebas presentadas, Federico no podía negar la evidencia, y le concedió el
divorcio… pero se quedó con la casa, porque existía la separación de bienes…
Claudia se mudó a casa de su madre con Felipe, su hijo de cinco años, mientras
decidía qué ritmo dar a su nueva vida… Pero Madrid se le hacía demasiado
grande, conservaba demasiados recuerdos de su antigua vida de niña pija
consentida, de sus años de matrimonio con Federico, por lo que necesitaba un
cambio radical en su vida…
Por
eso me escribió, enterada de mi progreso en la corporación “Natori Fujita”
por anteriores conversaciones telefónicas, ya que con su formación en Turismo y
su Máster en Gestión y Administración de Empresas, pensó que podía encajar en
mi equipo, bien fuera en el “Hotel
Imperial” de Málaga o en el de Marbella… Antes de tomar cualquier decisión,
lo consulté con la almohada… y luego con Kenji Watanabe (le di una copia del
curriculum) y con Yolanda (que no había podido olvidar que Claudia fue mi gran
amor de adolescencia)…
Ambos
me dijeron que no sería un problema, pero la opinión que más me importaba era
la de Yolanda… “Siempre que tengas claras
tus prioridades, será un gran placer ayudar a Claudia en este momento de
necesidad… Además, no puedo olvidar que de no ser por ella y por su prima, no
nos habríamos conocido…”
A
primeros de octubre, vino a Málaga para entrevistarse con Kenji Watanabe y
conmigo y superó con éxito los test de capacitación y de detección de
capacidades de la empresa, por lo que se acordó su incorporación al Hotel de
Marbella, efectiva a primeros de noviembre… En un primer momento, y mientras
encontraba un lugar donde vivir, su hijo y ella se alojarían en una de las
habitaciones del Hotel. Pero en poco más de dos semanas, y gracias a las
gestiones realizadas por el director del establecimiento, consiguió encontrar
un piso de noventa metros en la periferia, y la mudanza se completó en un
tiempo record: el día dos de diciembre ya estaba instalada en su nueva casa… y
tampoco se había llevado muchos recuerdos de su anterior vida: sus libros, sus
CD, y una colección de viejas películas románticas, además de la ropa de ella y
de su hijo…
Conseguir
un nuevo colegio para su hijo no fue tampoco demasiado sencillo, pero al final
le prometieron una plaza en el “Nuestra
señora de las Nieves” a partir del curso siguiente, y también le
facilitaron los libros de texto para que no perdiera el tiempo. Pedro, un niño
muy inteligente, se adaptó a su nueva vida… Y estaba deseando hacer nuevas
amistades…
A
mediados de diciembre, mientras ya estaba trabajando en la recepción del Hotel,
fui a verla una tarde, con el consentimiento de Yolanda… Me parecía extraño que
Claudia volviera a entrar en mi vida, y tenerla tan cerca… Pero del mismo modo
que algunas cosas no habían cambiado entre nosotros y perduraba algo de la
vieja magia… otras eran completamente distintas…
“Sabes…
no me gusta deberle favores a nadie, Ismael, ni siquiera a ti… Por eso, espero
que en breve podré demostrarte que Kenji y tú no os habéis equivocado al
confiarme este puesto…”, me dijo… “Creo
que puedo hacerlo muy bien, y quizás incluso podré olvidar, a base de trabajo
duro, mis actuales circunstancias…”
“Te
refieres al divorcio, ¿verdad?”, le pregunté…
“Al divorcio… a la infidelidad… a
tener que dejar atrás mi ciudad… a emprender de nuevo una carrera profesional,
porque Federico insistió en que dejase mi trabajo en la agencia de viajes para
cuidar de nuestro hijo… Son muchos cambios en poco tiempo, Ismael…”
“Pero estás dispuesta a seguir adelante,
¿verdad?”
“Pues claro que sí… Siempre he sido
una luchadora, he tenido muy claros mis objetivos, y cómo conseguirlos… Pero
ahora se me hace muy cuesta arriba el olvidar todos aquellos años junto a
Federico… Vale que solo fueran cinco años de matrimonio… pero me han marcado
mucho… Él era muy posesivo… Y en el fondo, teníamos muy pocas cosas en común:
no le gustaba ni la música clásica, ni ir al teatro o ver exposiciones, y
tampoco compartía mi interés por la lectura… Poco a poco, porque a él no le gustaban
aquellas cosas, fui renunciando a ellas: me siento un poco estúpida al
admitirlo, pero me equivoqué con él… En lugar de tratar de subirlo a mi nivel
cultural, me dejé llevar por sus gustos, incluso le acompañé varias veces a los
toros o a ver un partido de fútbol, eso por no hablar de las salidas con sus
amigotes, que por cierto no me caían nada bien… Pero acabé tragando, cediendo…”
“¿Y nunca sospechaste que te podía estar
siendo infiel?”, le pregunté… aunque segundos después
de hacerlo, me arrepentí…
“La verdad es que desde hace varios
meses lo sospechaba… Ese desinterés por el sexo… Sus largas jornadas de
trabajo… La frialdad con la que nos trataba a Felipe y a mí… Por eso contraté a
un detective privado… Y lo demás, supongo que ya es historia… reciente,
dolorosa, decepcionante, pero de cualquier modo, ya ha pasado… Ahora solo
quiero seguir adelante, aprender nuevas cosas, hacer bien mi trabajo y
aprovechar el tiempo libre para estar con mi hijo… Lo demás, ni me lo planteo…”
Luego,
estuvimos hablando de otras cosas, del amor, de la importancia de la familia,
de las fiestas inminentes… “parlando del
piú e del menno”, como dicen los italianos… Al principio estuvimos hablando
en la cafetería del hotel… luego nos fuimos a cenar a un restaurante cercano (aunque
avisé a Yolanda de que la reunión con Claudia se podía prolongar un poquito)… y
cuando terminamos, la acompañé a la parada de taxis… Nos despedimos con un
suave beso en los labios…
Volví
a casa sobre la medianoche… Yolanda me estaba esperando despierta, leyendo un
libro de Isabel Allende (creo recordar que se trataba de “Paula”)… Le di un beso de buenas noches, me duché, y me metí en la
cama… Y entonces empezamos a hablar… De nuestras vidas… a recordar buenos y
malos momentos… de lo que habíamos conseguido juntos… Y terminamos haciendo el
amor, muy suavemente… y nos quedamos dormidos abrazados…
Mi
último pensamiento fue que el destino de vez en cuando hace de las suyas…
porque me permitía tener a tan pocos kilómetros de distancia a las dos mujeres
a las que más había querido en esta vida… Salvo que una de ellas solo
representaba un pasado lejano… Y la otra, el presente y el futuro…
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