Debo
reconocerlo… Como a muchos varones heterosexuales, siempre me ha inspirado
mucha curiosidad el tema del lesbianismo… Quizás por estar lleno de tanto
morbo, o por algunas películas que he visto… pero nunca me había atrevido a
preguntarlo abiertamente… Hasta que conocí a Natalia Sánchez Álvarez y a
Cristina Puerto Segura, dos colaboradoras del “Hotel Imperial” de Málaga, que sufrieron un principio de acoso por
parte de otro empleado al hacer públicas sus orientaciones vitales… Por eso,
recuerdo aquella charla que mantuve con ellas, en septiembre del año 2004,
justo cuando Yolanda y sus amigos iniciaban su andadura con la web “Tuayudaenlared.com”…
“Nunca he tenido demasiados
problemas en contar historias, y precisamente hoy, cuando recuerdo la manera en
que nos apoyaste, creo que no tiene demasiado sentido el que me ande con
remilgos, ¿verdad, Ismael? – me
dijo Natalia-. Los putos convencionalismos, el "qué
dirán", siempre ahí, siempre pendientes, dispuestos para exterminar
cualquier sentimiento poco "ético", poco "correcto"... y si
a continuación metemos la "moral", soy capaz de vomitar...”
“Siento curiosidad, Cristina, por
saber cómo empezó todo… si es que hay una fecha especial, que ambas recordéis…”,
le respondí…
“Nosotras llevábamos tres años trabajando
juntas en una agencia de relaciones públicas, y habíamos salido mucho, tantos
viajes, tantos cines, tantas experiencias, tanto trabajar juntas en la misma
empresa... y al final resultó que era con ella, con quien he pasado algunos de
los mejores momentos de mi vida... Pero Natalia solamente me había visto como
amiga... Y yo a ella... al menos, hasta aquella noche del dos de marzo de
2001... Supongo que era algo que tenía que suceder, ¿verdad? Y no me arrepiento
de que sucediera precisamente aquella noche, cuando cogimos la única habitación
de hotel que estaba libre... y era precisamente una con cama de matrimonio... Y
chimenea... Por supuesto, ninguna de las dos pensaba que algo podría llegar a
suceder entre nosotras, que pasamos la adolescencia compitiendo por los mismos
chicos, por las mismas ropas, los mismos sueños...
Las negociaciones para conseguir la
nueva cuenta de publicidad nos llevaron más tiempo del que pensábamos, y al
final resultó que no era posible volver a Madrid en el día... El cliente, una
importante marca de cosméticos, deseaba a toda costa que le expusiéramos la
nueva imagen de la empresa, los nuevos anuncios sobre los que llevábamos tanto
tiempo trabajando (casi tres meses), durante una comida "informal" en
su oficina, que trajeron directamente desde el mejor restaurante de la
ciudad... Al final, lo conseguimos, el proyecto fue aprobado por el cliente…. Y
Natalia se empeñó en celebrarlo "a lo grande", aprovechando los
tratamientos especiales de relax y belleza del hotel en el que nos alojábamos
(el cliente había realizado la reserva por nosotras... aunque eso implicase
asaltar literalmente la sección de bikinis del centro comercial, y comprar al
mismo tiempo ropa interior, camisones, medias, cepillo de dientes...”
“Después de una jornada tan
intensa,- recuerda Natalia- fue una auténtica maravilla el
meterse en la serie de piscinas que, durante una hora y media, configuraban el
circuito termal... y con las distintas temperaturas, burbujas, efectos, yo iba
notando que desaparecía el cansancio de mi cuerpo... y del tuyo... pues incluso
eso se nota siempre en tus inmensos ojos negros (y tu pelo rubio), que
representan un contraste tan grande con mis ojos verdes (y mi melena negra)...
Tal vez por eso funcionamos tan bien en equipo, porque nuestra personalidad,
nuestra inteligencia, se ve potenciada cuando la gente se guía solamente por
nuestra belleza... Vale, es cierto, con tanto tiempo viéndote a mi lado, con
ese exiguo bikini que tan poco espacio dejaba a la imaginación, yo me
preguntaba si llevarías las ingles brasileñas, o las integrales... Ahora lo
sé... Pero fue sobre todo durante el masaje con chocolate tibio, cuando nos desnudaron
a las dos sobre las camillas, separadas escasamente por un biombo de lino, y
mientras notaba esas manos de mujer que recorrían mi cuerpo sin vergüenza ni
tabúes, pero al mismo tiempo sin un ápice de deseo, fue entonces cuando imaginé
lo que sentiría si fueran las de otra persona…
Lo único malo de ese tipo de
masaje, es que después se hace imperiosamente necesaria otra ducha... y un
cuarto de hora en el jacuzzi, de agua caliente, contigo bien cerca... Y subimos
a la habitación... Alguien, después nos enteramos de que fue el cliente, había
pensado en obsequiarnos con un pequeño aperitivo, con jamón serrano, distintas
clases de quesos, de embutidos, y una botella de excelente cava catalán y otra
de vino de Rueda, y un cesto de fresas... Como las adolescentes que en el fondo
seguimos siendo (aunque con algunas patas de gallo, vale, y alguna pequeña
estría), no nos molestamos en vestirnos para cenar en la habitación, el
albornoz, ligeramente perfumado con el olor de la canela, nos parece suficiente
ropa... Acercamos la mesita a la cama, y nos tumbamos sobre ella... Desde allí,
vemos el paisaje exterior, algunos pinos, los prados, las colinas más allá, y
en el horizonte se perfilan las primeras estrellas... Entre risas, recordando
viejos momentos, otras situaciones, otras personas, vamos comiendo
tranquilamente, aquella noche cenaremos en la habitación, no hay prisas,
estamos relajadas... Todo empezó con las fresas... bueno, y con el vino...
afrutado, con ese deje rústico, cálido, suave... que tan bien pegaba con el
surtido de ibéricos... Nosotras, que no solemos beber, disfrutamos gustosamente
con lo que se nos ofrece... Pero cuando llegamos al cava... y a las fresas... »
“Entonces, no fue algo premeditado,
ninguna de vosotras suponía que podría llegar a pasar algo, ¿verdad?”,
le pregunté a Natalia…
“Bueno… quizás por mi parte había
algo de tensión… Pero nada del otro mundo… Hasta que al beber, Cristina se
atragantó, a media carcajada... y el cava, brillante, espumoso, empezó a correr
entre sus senos, estaba tumbada boca arriba, con el albornoz blanco escasamente
ceñido sobre la cintura... Y algo vio en mi mirada, algo sintió en mi interior,
y en tu interior, latiendo, palpitando, pues suavemente inclinó mi cabeza sobre
su pecho, orientándola dulcemente para que pudiera beber el cava derramado... Y
así lo hice, sin pudor alguno, como si fuera lo más natural del mundo entre dos
amigas que llevan toda la vida juntas... -( Me dice
mirando a Cristina, y hablándole directamente a ella, como si yo hubiera dejado
de existir, y tomándole la mano izquierda con dulzura)- Pero no
nos quedamos allí, mis labios, sedientos de ella, han ido apartando los
pliegues de tu albornoz, hasta dejarte, desnuda, anhelante, ligeramente
nerviosa sobre la doble capa de la gruesa colcha, con tu cuerpo bañado por la
doble luz del fuego y de la luna y las estrellas...”
“Entonces, Natalia, fuiste tú quien tomaste
la iniciativa…”, le dije…
“Fue un poco cosa de las dos,
aunque su cuerpo jamás me había parecido tan hermoso, quizás porque aquella noche,
no te miraba solamente como una mujer, Cristina, sino como una amante... Pero
antes de hacer cualquier otra cosa, recuerdo que ella se aseguró de dejarme
también a mí, desnuda, tendida a su lado, convertida en una maraña de deseos,
de pensamientos, de ideas... Y especialmente, con hambre de sentir, de
experimentar...
Durante unos minutos, simplemente
nos mirábamos, sin hacer nada, comparando, quizás, de manera inconsciente, las
diferencias, y los parecidos, entre nuestros cuerpos, las huellas que había ido
dejando en ellos el tiempo, la cicatriz de mi apéndice contrasta fuertemente
con la de tu rodilla (ese menisco cruzado...). Incorporándote levemente, mi
85-B se queda pequeña frente a tu 100-B, y entonces fue Cristina quien, con ese
brillo tan especial en los ojos, vertió un reguero de cava desde mis pechos
hasta mi monte de Venus... y en cuanto empecé a sentir su lengua, sus labios, tu
boca entera sobre mis pechos, y mil roces y caricias, creí enloquecer, no
solamente por lo que me estabas haciendo, sino por quién eras, por todo lo que
representabas para mí... Y llegaste a mi monte de Venus, y empezaste a
escalarlo, lenta y concienzudamente, vertiendo ocasionalmente unas gotas de
cava, que se abrían paso hacia dentro, y se mezclaba con mis orgasmos... hasta
que finalmente, con una brutal erupción y un poderoso gemido que intentaste
vanamente de contener entre mis labios con tus dedos, descansé unos minutos...
Antes de empezar a amarla…”
“Desde luego, me dijo Natalia,
fue una noche mágica, especial, dos amigas, dos viejas amigas, que descubren,
juntas, que todavía les queda mucho camino por delante, muchas cosas por hacer,
por sentir, por experimentar... Jamás, insisto, Jamás había gozado con ninguna
otra persona como durante estas horas... Recorriendo su cuerpo, cada
centímetro, con la lengua, con los labios, bebiendo en su copa el cava, hasta
que se terminó... y con la precaución de no manchar mucho, derramé sobre
Cristina un chorro de chocolate tibio, desde su mano derecha hasta su pie
izquierdo... y mi lengua, juguetona, no dejó nada... Y repetí....
Fueron varias horas, de juegos, de
caricias, de explorar con todo el cuerpo y con toda el alma, el cuerpo y el
alma de otra mujer, entre besos de mariposa, y besos largos, profundos,
febriles, ansiosos... y algún que otro chupetón difícil de justificar, me
temo...”
Fue
aquella noche cuando ambas descubrieron sus sentimientos, la pasión que
habitaba en ellas… Y a pesar del tiempo transcurrido, ellas me miran con aire
divertido… Y mirándose de nuevo a los ojos, se dan un tierno, y larguísimo
beso… Ahora, llevan varios años casadas, han tenido un hijo por inseminación
artificial, y creo que son una de las parejas más estables que he conocido
nunca…
Y yo preferí dejarlas solas, en su
despacho… porque mi presencia empezaba a estar de más… Y mi curiosidad había
sido satisfecha…
No hay comentarios:
Publicar un comentario