El resto del
año 2000 pasó como en un sueño, con algún que otro susto, como el descubrimiento de unas fosas comunes de la
época en que el Palacio se convirtió en Hospital, con el trauma de la Guerra
Civil, y la intervención de varios especialistas en la Memoria Histórica: los
estudios permitieron demostrar que ninguno de los cadáveres presentaba impactos
de bala, y muchos de ellos eran de madres fallecidas por una fiebre puerperal, y otro alto porcentaje, por complica-ciones de la tisis... Todas las
gestiones se llevaron a cabo con la mayor discreción, y se optó por trasladarlos al Cementerio San Gabriel, erigiendo
un obelisco a los Olvidados... Una delegación del “Hotel Imperial” se encargó de inaugurar el Monumento, acompañados
por dos antiguos asilados, inauguró el monolito, una fría mañana de primavera.
Pero aquella
no iba a ser la única sorpresa que nos llevásemos con las obras... Desde hace
varios meses, se escuchaba, pero solamente de madrugada, el ruido de un piano,
bastante desafinado, procedente en apariencia del actual Salón Principal de
Conferencias (el Secundario y el Terciario se montaban en dos zonas del jardín,
casi siempre para comidas)... El mayor problema era que el sonido provenía de
un lugar muy concreto: la parte inferior de las gradas del antiguo salón
de baile, que no se había tocado en 1983 ni con las otras reformas.
Los arquitectos aconsejaron abrir el suelo,
dañándolo lo menos posible, por lo que se efectuó el desmontaje pieza a
pieza... Al segundo día de trabajo, fue necesario interrumpir los trabajos: de
las sombras estaba surgiendo un piano
de media cola "Blüthner" fabricado en Dresde en torno al 1900, que había sido
sepultado allí con cierta cantidad de partituras... y el ruido lo
provocaba una familia de ratones, que se habían establecido
allí recientemente... El piano fue subido de nuevo a un rincón del
escenario, restaurado primoro-samente,
afinado, y convertido en otro más de los elementos curiosos del hotel...
Existían mil teorías sobre los motivos para tal enterramiento, pero se especula
que fuera de tipo sentimental, al morir una de las hijas de los antiguos
propietarios que era toda una virtuosa... pero no existen pruebas al
respecto... y nadie ha podido explicar que empezase a tocar precisamente en la
madrugada del dos al tres de abril…
Lo que más
inquietud generaba en el personal de cocina era la presencia de una monja, con
su hábito blanco, que siempre anunciaba cuándo iba a producirse alguna pequeña desgracia
relacionada con el agua o el aceite, apareciendo de repente, y diciendo "¡Huy, cuidado!" ... lo
que a veces provocaba más miedo que el accidente que lograba, es cierto,
prevenir... Al cabo de un tiempo, optaron por llamarla "Sor Cuidado" o "Sor Huy"... No molestaba, en
verdad, para nada... pero se intentó tomar medidas en el asunto, pues los
fantasmas asustan... al menos, por definición… Tras un par de meses, se comprobó
que desaparecía siempre en el mismo lugar, en una parte de la vieja despensa de
la cocina, bajo una losa especialmente grande... que sonaba a hueco... ¿Blanco
y en botella? Pues eso, piña colada...
Con mucho
cuidado, pero sin la misma necesidad de preservar el suelo que en Salón, se
retiró la losa, apareciendo debajo un oscuro y estrecho pasadizo que llevaba a
una vieja cripta, construida con gruesos ladrillos de la zona, y en la que
reposaban una veintena de hermanas... salvo una de ellas, quien había sido
sacada de su nicho por una corriente de agua, que estrelló el ataúd contra el
suelo...
Las labores
de conservación y estabilización se
limitaron a catalogar y documentar los objetos encontrados, entre otros un
viejo cartapacio con la historia de la Congregación,
que fue cedido al Museo Diocesano de Arte Sacro de Málaga, así como otros
documentos sobre los tiempos como hospital, y diversos crucifijos y adornos de
distinto valor. También fue restaurado el ataúd original, y el Deán de la Catedral se encargó
de bendecir de nuevo el lugar... Unos albañiles lo sellaron posteriormente
a conciencia, garantizando el reposo de
todas las hermanas... Aquella fue la última aparición de "Sor Huy" en la despensa y las
cocinas...
Por supuesto,
algunas de las historias más tristes de las que se vivieron en el Hotel,
sucedieron en la guardería... y nadie se enteró de ellas... Salvo Agustina Golden García,
y yo mismo... Desde aquella encuesta de satisfacción del cliente, en la que
hablaban de "las almas en tránsito
que necesitaban ayuda", había intentado enterarme de lo que sucedía, y
sobre todo, de en qué parte del Hotel pasaba algo tan extraño... Hasta que una
tarde el mes de septiembre, superada la Feria que aquél año se saldó con un
auténtico éxito de público y un lleno absoluto para nosotros, me dejé caer por
la guardería... Y allí estaba Agustina, con uno de sus amplísimos pantalones de
peto manchados de pintura y una blusa roja, hablando con los niños... Salvo que
estaba un solo niño, mi hijo, y ella hablaba como si hubiera más de uno...
"Julián (decía), deja en su lugar los globos, que
ya lo tenemos todo recogido, para irnos a casa... María, no puedes jugar con la
muñeca de trapo, ya la has tenido todo el día... Luis, sí, es tu papá el que
está en la puerta... Si quieres pasar, Ismael, tienes que descalzarte..."
Y yo, por
supuesto, le hice caso... Es más, en aquél momento, era demasiada mi curiosidad
por ella, por una mujer que había contratado en la primera guardería ala que
llevamos a Luis, y que me había sido recomendada como "una de las mejores de España en su campo"…
sin querer o poder especificarme de qué campo se trataba...
"¿Te apetece un té bien caliente?
Seguro que te vendrá bien, y así hablamos..." En una de las esquinas
de la inmensa habitación reservada al juego, pero separada de la zona de
sueños, tenía una vieja tetera inglesa, que no tardó nada en comenzar a
silbar... Y así, mantuvimos una de las conversaciones
a la vez más desoladoras pero más interesantes de toda mi vida...
"¿Has oído hablar de los pastores de
almas?", me preguntó... pero interpretando mi silencio como una
negativa, me preguntó:"¿Ves la serie
"Entre Fantasmas?" A mí me daba un poco de vergüenza confesarle
que lo hacía solamente porque la actriz que interpreta a Melinda Gordon
me parece de lo más sexy y atractiva, pero al final, no tuve más remedio que
reconocerlo...
"Bien, es un comienzo, porque antes de que
salgas de de esta habitación, igual cambian varios de tus conceptos de la
realidad... Lo más importante, quédate
con estos conceptos: lo que cuentan en la serie está basado en hechos reales;
realmente hay pastores de almas; y el fin de las almas es "pasar al otro
lado", pero ese "otro lado" puede ser el cielo, el infierno o el
purgatorio. Siempre que sucede un accidente donde muere mucha gente, como en Fukushima, acuden los pastores de almas,
desde todo el mundo para ayudar... eso sin contar con toda la energía que se
manda desde todas partes, a través de la oración... ¿Me sigues hasta
aquí?"
"Sí, eso creo...", le dije...
"Bien, estamos hablando de almas adultas, que
son conscientes de las diferencias entre la vida y la muerte, del cambio de
estado que han vivido, como poco, niños de once años... Ellos no tienen
problemas en pasar, aunque tarden más o menos tiempo en asumirlo... Para los
niños entre cero y tres años, no suele haber salvación: su energía se dispersa,
igual que sus recuerdos, todo su ser, y su única posibilidad es volver a nacer,
tras disgregarse por completo... ¿Lo entiendes bien?"
"Entonces… ¿si mi hijo muriese hoy, volvería
a la fuente de toda vida, pero perdería sus recuerdos, sus aspiraciones, todo?
¿Y, sin embargo, si tuviera entre tres y once, iría a otro lugar distinto?",
le dije...
"En efecto... Las franjas de edad pueden
diferir un poco, es el desarrollo del alma el que condiciona el presente de un
niño fantasma, y a partir del momento en que adquiere conciencia de sí mismo
como entidad espiritual, puede decidir si cruzar al otro lado, o no hacerlo...
Hay un gran porcentaje que no son capaces de decidirse, que prefieren quedarse
un tiempo en "lugares de luz" como éste, compartiendo experiencias y juegos con otros
niños, aprendiendo, y disfrutando..."
"¿Me estás diciendo que ahora mismo estamos en
un "lugar de luz", en un centro de aprendizaje de almas... y que
juegan no solo con mi hijo, sino con todos los demás niños de la guardería?",
le pregunté, un poco asustado por mi cordura, puesto que a pesar de todo, la
creía...
"Sí... Al menos en una decena de todas las
ciudades de España, existen estos "lugares de luz", casi siempre en
hospitales, otras en guarderías... y otras, en sitios que son las dos cosas a
la vez... Recuerda que este hotel ha sido durante muchos años un hospital... Y
aquí tenemos muchos niños perdidos... ¿Quieres verlos?"
No sé por
qué... pero asentí... Y allí estaban, unas pequeñas criaturas de luz, como los
niños mortales, pero brillantes... Y también supe cómo se llamaban… Y reconocí
a Julián, que jugaba con una versión
espectral del tren de madera... Y a Marisa
y a Julia, saltando a la comba... también estaba allí Pedro, encestando en la
canasta... Allí me quedé un rato, saboreando el té de Agustina, fijándome en la
manera que tenía mi hijo de reaccionar a las caricias de Matilde, una niña mayor...
"Son más de las siete, deberías irte a casa,
que yo me quedaré un rato más, trabajando", me dijo...
Me levanté,
muy relajado, y al despedirme, con Luis en mis brazos, los vi a todos ellos,
incluso a Agustina, diciéndome "Adiós"...
Desde entonces, siempre que puedo, me paso varias tardes al mes en la
guardería, con Agustina y los niños perdidos, y me consta que otros muchos
empleados del Hotel hacen lo mismo…
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