Amanece, como
todos los días, pero con muchas menos horas de sueño de lo recomendable, y ni
siquiera la ducha de agua helada consigue despejar
las brumas del agotamiento... Como todas las mañanas, me pongo el traje, la
chupa de la moto, agarro la mochila y me voy al trabajo... Estoy un poco
nervioso, porque será una de las primeras mañanas en las que Yolanda se queda
sola en casa, aunque ha prometido "portarse bien" y no hacer
grandes esfuerzos... Tiene todos los teléfonos de urgencia memorizados en el
móvil, y me comentado que piensa quedarse toda la mañana en el sillón de
orejas, con los pies sobre el "puff", y leyendo el segundo
volumen de "La Torre Oscura" de Stephen King, que de momento
no le está gustando mucho... Allí la dejo, por supuesto, con un gran beso...
Llego al parking del hotel a las nueve en punto de la
mañana, y subo a la recepción. Allí me encuentro con Nerea Ormeño Vega, la becaria, en un evidente
estado de nerviosismo, me dice: "Elías,
el señor Ramírez Arellano le está esperando en la salita
de reuniones de la primera planta". Al principio, no recuerdo su
vinculación conmigo... pero luego, caigo en la cuenta: es el "head-hunter" de la empresa, que me
estaba entrevistando el nueve de marzo, cuando Yolanda tuvo el desprendimiento
parcial de la placenta, tuve que abandonar la reunión de manera precipitada.
Además, con los tres días por intervención de un familiar, tampoco se me
ocurrió llamarle para fijar una nueva cita... Y ahora, que estuviera
esperándome minutos antes de mi jornada laboral en la salita de reuniones de la primera planta no
era la mejor de las señales...
Prudente,
llamé a la puerta, y una voz conocida, la del señor Gómez Losa, el Director Ejecutivo, me
respondió: "Adelante, señor Rodríguez,
tome asiento, le estábamos esperando..." Durante los tres años que
llevaba trabajando en la Recepción, solo había intercambiado algunas palabras
con este caballero, muchas de ellas en el ascensor, y desde luego, no en un
marco tan formal como éste. Ellos se sentaron de nuevo alrededor de la mesa
redonda, y yo ocupé el tercero. Había una cafetera, una jarrita de leche,
algunas pastas, el azucarero, tres cucharillas y tres servilletas, además de
las imprescindibles botellas de agua mineral. Resultaba muy posible que la
reunión fuera confidencial, y que en
ella se tratasen temas importantes para mi futuro en la empresa... Lo
reconozco, siempre he sido bastante pesimista, y al verlos allí, empecé a
preocuparme...
Sin embargo,
al cabo de diez minutos, comprendí que estaba equivocado: por lo visto, habían
estado siguiendo mi trayectoria en el hotel, las relaciones con los
proveedores, la experiencia en la organización
de eventos y los cursos de formación complementaria
que estuve haciendo dentro y fuera de la empresa, es decir las típicas cosas
que un ratón de biblioteca disfruta haciendo cuando libra... y todos estos datos
les habían predispuesto favorablemente
para considerar mi candidatura para un nuevo puesto en el hotel.
"Pero fue su reacción del día nueve,
cuando lo dejó todo, absolutamente todo, tirado para acudir al lado de su
mujer, y no separarse de ella mientras duró el internamiento, lo que nos
confirmó lo correcto de nuestra decisión", comentó el señor Gómez Losa.
"Para
este puesto de nueva creación, el Director de Comunicación, no bastaba solamente
con tener experiencia en el trato con el público y demás entes oficiales, ni
siquiera tener empatía y mucha experiencia: también era necesario saber priorizar, distinguir lo accesorio
de lo importante... Y en su caso, la situación de su mujer era básica: aquél
fue el factor decisivo. Le ruego que le presente mis respetos a su esposa,
Yolanda. Dispone usted del resto de la semana, para ir familiarizándose con los demás
departamentos, contactar con los directores, y efectuar un tanteo con los
medios. Una vez
más, felicidades por su ascenso…
Aunque tendrá usted que seguir formándose y perfeccionándose para desempeñar
sus nuevas funciones…"
El resto de
la semana, incluyendo el sábado (afortunadamente,
no teníamos bodas previstas aquella quincena), lo dediqué a repasar mis
temarios del Magister Universitario en Comunicación Corporativa y poner en marcha
los primeros mecanismos que, para el sexto día del mes de abril, deberían
permitirme tener una idea lo bastante cercana sobre la situación del Hotel, sus
relaciones con la competencia, las estrategias implementadas por ellos hasta el
momento... y, por supuesto, las estrategias pasadas y presentes en relación con
los medios... y con las instituciones...
Aquella
noche, y por primera vez desde el susto, Yolanda y yo nos fuimos a cenar a nuestra Pizzería
favorita, a la que pudimos llegar caminando... La cena fue perfecta,
aunque cambiamos el "Lambrusco
frizzante" por agua mineral... La pizza "monte e mare" y la ensalada de tomate, mozzarella y anchoas eran perfectas... Mis
aspiraciones profesionales se estaban cumpliendo lentamente... Y lo más
importante, mi amada Yolanda estaba a mi lado... La brisa nocturna hacía
titilar la luz de las velas, sus ojos brillaban con fuerza... generando una
magia tan antigua y tan poderosa, que el resto del mundo desapa-recía... Cogí sus manos, y las besé, sintiéndome, por primera vez en
muchos días, completo...
Me gustaría
poder decirte que aquella noche nos amamos, en la habitación azul pitufo... pero no fue así... Nos quedamos
dormidos, piel contra piel, alma con alma...
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