jueves, 21 de agosto de 2014

21. El final de una etapa.

Lo reconozco: he tenido mucha suerte, desde el primer momento (y pese a las gamberradas de Jorge y David, que de todas formas pretendían defender a su hermana de alguien que no dejaba de ser un desconocido), con mi familia adoptiva, pues me han aceptado, con todas mis manías, y mis virtudes... sin plantearse cuales eran más abundantes…

Salvo aquél pequeño enfado por el baloncesto (desde entonces, me he dedicado a estudiar tácticas y estrategias, y me he afiliado al "Unicaja"), no hemos vuelto a discutir por temas de escasa importancia... Y también ha sido fantástico que las dos familias aprobasen nuestra relación, aunque en los albores del siglo XXI, y frisando la treintena los dos... tampoco era algo que nos hubiera preocupado mucho si se negasen…

Por supuesto, el "pequeño detalle" de que los dos fuéramos estudiantes, aquellos primeros meses de 1996, no dejaba de ser una complicación a la hora de pensar en un futuro inmediato juntos, y quizás por ese motivo empecé a quemar etapas, con la redacción y revisión de la tesis...
 Cuatro años, con el portátil a todo trapo, rebuscando el recuerdo del cuarto centenario del Descubrimiento de América en Madrid, a través de "El Imparcial", de seguir número a número la forma en que se creó el concepto del Centenario del Descubrimiento, de la "Fiesta Patria", centrándolo en la prensa de Madrid... Centenares de horas revisando millares de documentos olvidados, como la recreación que el Almirante D. Víctor Concas y Palau Realizó de aquél viaje  con las réplicas de las tres carabelas, coincidiendo con la Exposiciòn Internacional de Chicago…localizar los restos de la “Santa María” enterrados junto a uno de los antiguos muelles sería ahora mismo una labor digna de Clive Cussler… Incluso dos o tres desavenencias con mi director bastante serias con mi director; se habían convertido en un tomo de mil páginas para cada juez, más otros dos de anexos… llenos de notas al pié de página, esquemas, explicaciones complementarias, reproducciones digitalizadas de manuscritos, de las carrozas, de las requisiciones de los “matureros”, las revueltas, la Regencia… Lo que empezó como una curiosidad de un ratón de biblioteca se convirtió en un monstruo…. Impublicable…

Durante un par de meses, mientras tenía todo el despacho encharcado con miles de notas, varios ordenadores portátiles y un engendro montando a por piezas por dos colegas informáticos, y escribiendo hasta ocho horas diarias, con reuniones semanales con el director, y algunos cambios de rumbo, hicieron que me fuera imposible escaparme a Málaga hasta finales de abril, una vez pasada la Semana Santa... Fue un viaje relámpago, el viernes Yolanda no fue a clase, y tampoco el lunes... Me llevé una gran sorpresa al comprobar el pequeño cambio en su habitación, del que por cierto, no me habían hablado: su cama ya era de uno treinta y cinco... y sobre la almohada habían dispuesto un pijama nuevo para mí... su camisoncito azul noche... y dos chocolatinas... Sí, el viaje había resultado agotador.... pero al abrazar a la familia, y sobre todo a ella, sentí que estaba en casa... que mi hogar se encontraba entre sus brazos, sobre su pecho, y que mis labios estaban hechos para adorar a los suyos...

Regresé a Madrid, con el tiempo justo de releer el "corpus" de la tesis, que mi director diera el visto bueno, y llevarlo a la imprenta, gracias a un generoso donativo de mi abuelo: era de alguna manera, su regalo de fin de carrera... pero nunca pude imaginar que resultase ser el último que me haría en vida...

El día de la defensa de la tesis, a pesar de las prácticas que había realizado frente al espejo, tenía algo de miedo, y la garganta seca... Sabía que mis padres estarían allí (aunque les rogué, encarecidamente, que no intervinieran en los debates, ni en los turnos de preguntas), y eso me hacía sentir bien, orgulloso, pero con esa tristeza mezclada, de que mi padre jamás pudiera haber terminado la suya…

Lo que menos me esperaba, aunque lo desease intensamente, era que cierta mujer vestida de azul turquesa, con la más hermosa de las sonrisas, accediese al “Salón de Grados” y, con la mayor de las sonrisas, se colase hasta la primera fila, para darme un beso de buena suerte... tan efusivo, que casi me quedo sin respiración...

Mi Yolanda....

Tuvo el tiempo justo de borrarme el carmín de los labios, y sentarse de nuevo en su sitio... antes de que el ordenanza nos sonriera, señalando el cartel tradicional: “Audaces Fortuna Juvat”…

Que ella estuviera tan cerca, notar la corriente de amor que manaba de su corazón, me ayudó a estar más seguro, a responder con más firmeza a las preguntas, a no caer en los trucos sucios que uno de los miembros del tribunal se empeñaba en usar contra mí... Una hora y media... imaginándomelos a todos desnudos, tal y como me recomendó un compañero de doctorado, para tener más seguridad... bueno, a todos menos a Yolanda, por razones evidentes... También me fue muy útil recordar las palabras de mi dictador de tesis: "no olvide nunca que, tras cuatro años de investigaciones, es usted ahora mismo el mayor especialista en el mundo sobre el tema que usted ha escogido"... Y tenía toda la razón del mundo...


Conseguí un "Magna cum laude" en la tesis, me despedí de mi director, a falta de otros detalles secundarios, y por supuesto, invité al tribunal a tomar un excelente queso ibérico y unas botellas de excelente vino en el bar de profesores... y, dando por terminada una larga etapa de mi vida, salí por la puerta pequeña, hacia un futuro que podría ser más o menos brillante... pero que me acercaba más a mi objetivo primordial: abandonar Madrid, y establecerme en Málaga...

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