A
primeros del año 2007 pude cumplir uno de mis viejos sueños: volver a trabajar
en un programa de radio… Por motivos laborales, sobre todo por anunciar nuevos
eventos, y porque el “Hotel Imperial”
y la corporación Natori Fujita se habían convertido en noticia en diversas
ocasiones, siempre mantuve buenos contactos con algunos periódicos de Málaga, y
en varias ocasiones fui entrevistado en varias emisoras de radio de Málaga y de
Marbella…
Pero
mi favorita era “Radio Málaga Libre”,
perteneciente a la red de emisoras de “Onda
Cero”… Ya en varias ocasiones había colaborado con ellos, y entre nosotros
reinaba cierta cordialidad, sobre todo con Beatrice Golden, la directora del
programa “Historias a Media Voz”… Ya
desde nuestras primeras conversaciones pude comprobar que había cierto “feeling” entre nosotros… y una de
aquellas noches, al finalizar el programa al que había acudido como invitado,
le confesé que echaba mucho de menos el mundo de la radio, sobre todo los
programas nocturnos como el suyo… Al terminar la charla, me comentó que nunca
se sabía, que a veces hay que arriesgarse a vivir nuestros sueños… y quedó en
llamarme al cabo de unos días…
Y
podéis imaginar mi sorpresa cando me invitó a colaborar en su programa, de
manera fija, para los viernes y los sábados por la noche… ¡Era como un sueño
hecho realidad! Vale, es cierto que tendría que sacrificar algunas horas de
sueño (el programa se emitía en directo de diez de la noche a una de la
madrugada), pero el sacrificio valía la pena…
Debo
admitirlo, al principio, no me hacía demasiada ilusión que me propusieran un
programa nocturno, puesto que conocía de sobra los trastornos físicos y
sociales que genera el vivir contra reloj con respecto al común de los mortales
(pensé, recordando mis maratonianas sesiones de estudio para la carrera de
Turismo, mientras que seguía trabajando en el “Hotel Imperial” de Málaga), pero al final, decidí aceptar el
proyecto. Y me dio, en aquella primera noche en antena, por recordar cómo nos
conocimos… Y cómo fue mi primera colaboración con ella.
Me
citaron para una de tantas entrevistas, en noviembre de 2006… Llegué pronto,
como hago habitualmente… Como sucede casi siempre con los periodistas
radiofónicos, puedes hacerte una idea de cómo son por su tono de voz, y mucho
más si es tan característica como la suya, pero aquella tarde del mes de marzo,
cuando acudí a la reunión con el gestor de la emisora, no podía suponer que aquella
mujer menudita pero hermosa, de ojos verdes y sonrisa encantadora, fuera
Beatrice… Bueno, la intriga desapareció en cuanto se levanto de la butaca para
saludarme, y me dijo, con esa voz tan profunda y modulada: “Bienvenido al
equipo, Ismael”… A lo que yo le respondí: “Tú debes ser Beatrice Golden… siempre que no seas un ángel, que se ha
escapado del cielo, para torturarme…”
No
pudo evitarlo: dejó escapar una sonora carcajada… Él se unió a mis risas, y así
nos encontró el gerente de la cadena, Manuel Cifuentes Del Ángel… “Bueno, nos dijo, con cierta mirada
cómplice en los ojos, me parece que no vamos a tener demasiados problemas en
poner en marcha este nuevo proyecto…”
Y
en cierto modo, el paso del tiempo le ha dado la razón, aunque los comienzos no
fueron precisamente sencillos, según me comentaba Beatrice Golden. Nuestras
experiencias eran muy distintas, igual que nuestras expectativas, y nuestros
enfoques sobre la realidad y la función del programa. Parece muy sencillo,
cuando todavía estás echando los dientes
en el mundillo radiofónico, el preparar un espacio nocturno: te parece que basta
con una hermosa voz, un par de libros de referencia como “Las Mil Mejores Poesías de la Lengua Castellana” o un compendio de
poemas de Rabindranath Tagore o de Gustavo Adolfo Bécquer, algunas grabaciones
de conciertos de música clásica (por ejemplo, la sonata “Claro de Luna”, o la “Primavera”
de Vivaldi), algunos temas de aire celta o étnicos (Enya, Sacred Spirits, o
Café del Mar), y abrir los micrófonos al público, para que te cuenten sus
vivencias… ¿Sencillo, verdad?
Bueno, pues te garantizo que si basas todas
tus expectativas en esta serie de parámetros, tu espacio, en el mejor de los
casos, muere en la mesa de operaciones antes de su lanzamiento… y en el peor,
termina fracasando estrepitosamente en menos de un mes…
Con
tres horas de tiempo por delante, pero con otras dos como poco de preparativos
previos, sin contar con las entrevistas que se grababan fuera de antena, no
puedes depender solamente de estos factores, hay que tener en cuenta muchas
cosas que se dirimen precisamente en esa “mesa
de operaciones”, en la que se planean, meses antes de su aprobación y
posterior lanzamiento, todo tipo de cuestiones, que a primera vista no tienen
mucho que ver con la elaboración del espacio propiamente dicho: el público al
que va dirigido (personas entre 20 y 50 años, universitarios, trabajadores
nocturnos, insomnes…); el tono del programa (en principio, “meloso-intimista-acompañante”, según propuso Manuel Cifuentes Del
Ángel; el tipo de música que vas a utilizar (algunos temas clásicos, new age,
baladas de todos los tiempos) y cómo vas a pagar los derechos (la SGAE controla
mucho este aspecto); la publicidad (que depende de todos los factores
anteriores, y que en casi todos los casos consiste en cuñas realizadas por los
locutores en directo, y no debe sobresaltar ni romper el ambiente creado); la
participación del público (a través del teléfono, del correo convencional y del
electrónico); la oferta de programas de la competencia (los formatos clónicos y
carentes de identidad no son garantía de pervivencia en las ondas)… y otros
muchos factores… Si el proyecto de programa sobrevive en la “mesa de
operaciones”, se pasa a la siguiente etapa: el estudio de mercado, y el
diseño de la publicidad de autopromoción y externa, aunque todavía no se ha
decidido el lanzamiento hasta que no se ha superado esta fase.
Es
entonces, me comentó Beatrice Golden, con todos estos factores previstos,
cuando se termina de aquilatar el proyecto, se efectúa la selección de los
medios materiales y humanos disponibles, y te pones a trabajar, más o menos un
mes antes del comienzo. Con las cuñas, has conseguido que las voces se
conviertan en familiares, que el público empiece a conocerte un poco, y también
te aseguras de que los compañeros de otros medios similares te devuelvan algún
pequeño favor… y hablen de ti, aunque sea bien… Aunque de todas formas, estás
nervioso cuando suena la careta del programa en tus cascos, el piloto se
ilumina con las letras mágicas (“En el
aire”), y el técnico de sonido te da paso por primera vez… Aunque me haya
tocado hablar del amor y de la muerte, creo que los amores que son más fuertes
que el tiempo y el espacio son los más hermosos y comprometidos…
Porque de manera casi inevitable, en un
programa de radio como “Historias a media
voz”, que se emite los fines de semana a partir de las diez de la noche, es
del amor, de la muerte, de la nostalgia y de los sentimientos de lo que acabas
hablando con más frecuencia…
Pero siempre tratando de adaptarte a los
gustos y necesidades del público, pues no deja de ser él, con su fidelidad
noche tras noche, quien consigue que te mantengas en antena… Ya han pasado
varios años desde que comenzamos el proyecto… Los resultados de audiencia son
muy buenos, y nos escuchan no solamente en Málaga, sino en numerosas ciudades
cercanas, y ahora con la posibilidad de utilizar internet, no tenemos
literalmente fronteras… La participación del público es muy importante, y una
de las secciones de mayor trascendencia es “Cuéntame
un cuento”, donde organizamos concursos temáticos de relatos cortos,
algunos de los cuales, con el permiso de los autores, han sido recogidos en
este libro…
Creo que, a pesar de tener que trasnochar, este programa
de radio está siendo uno de los pilares de mi existencia, mi sueño hecho
realidad, porque todavía ahora, cuando escribo estas líneas a finales de 2012,
sigo colaborando con Beatrice Golden y con su equipo…
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