Llevábamos
casi un año viviendo en el piso de Benalmádena... lo que es lo mismo, la
familia de Yolanda se estaba privando de uno de sus mayores placeres: vivir
junto al mar, durante los tres meses de verano... Pero yo seguía buscando un
nuevo alojamiento... y Julián, mi enigmático suegro, seguía insistiendo, "todo
llega en esta vida para el que sabe esperar..." Pues bien, a finales
de junio de 2000 nos citó a los dos, bueno, los tres si contamos a David, para "dar un paseo por los
alrededores..."
Y menudo
paseo... Fue el sábado veintitrés de junio, lo recuerdo muy bien, porque ese
fin de semana tenía previsto pasarlo con Yolanda y con Luis, ir a la compra,
mil y una cosas necesarias... Pero al final, todos nuestros planes se quedaron
relegados al limbo... Salimos de casa, metiendo el carrito en el ascensor de
milagro, mi suegro y yo bajamos a pié. La mañana era bastante fresca, pero se
agradecía, sobre todo porque dentro de un par de horas el único lugar donde se
estaría bien sería en la piscina, o en la bañera, que en la playa no nos
atrevíamos a dejar suelto a Luis, un espíritu libre... Nos paramos delante de
una serie de chalés pareados de dos en dos, con su entrada de garaje
independiente, con cerramientos de ladrillo y forja...
Julián
aprovechó para enseñarnos unas llaves, y preguntarnos: "¿Queréis
entrar?", algo a lo que accedimos encantados, pero también con mucha
curiosidad. La parcela, entre la calle Contreras y la de Albatros, era grande,
con un cierre perimetral que englobaba tres casas. La parcela de cada casa,
incluyendo el jardín anterior y el posterior, donde se encontraba la piscina comunitaria,
alcanzaba los trescientos veinte metros. La vivienda estaba dividida en dos
plantas, mas una buhardilla plenamente acondicionada, y un sótano que se
dedicaba a garaje y trastero...
Cuando
entramos, ni Yolanda ni yo podíamos creernos lo que estábamos viendo: espacios
amplios en zonas comunes de la planta baja, pero también un despacho con su
biblioteca, y otro quizás algo más pequeño, un gran comedor, una zona para ver
la tele, incluso una chimenea de verdad, además de la cocina y dos cuartos de
baño y dos habitaciones más pequeñas... En la planta alta, un dormitorio
principal con baño y vestidor, otro cuarto de baño para invitados, otros tres
dormitorios; y la buhardilla, diáfana, para juegos, visitas, y por supuesto,
también con su baño... Era, sin duda alguna, la casa de nuestros sueños...
Al bajar las escaleras, rozando la barandilla de madera
pulida para mantener el contacto con la realidad, nos miramos algo
entristecidos... Luis había realizado toda la inspección en brazos de Yolanda,
y ahora gateaba feliz por el suelo de la cocina... La casa era perfecta, en
todos los aspectos, para nosotros... "¿Os ha gustado la casa? Lo digo
porque si la queréis es toda vuestra..." Yo no podía articular
palabra, Yolanda tampoco, y por suerte, los dos conocíamos que mi suegro era
una persona muy seria... Solo pudimos asentir con la cabeza, y darle el
auténtico y genuino abrazo de oso...
"Bueno, bueno, chicos, no me
espachurréis, que ayer Borja y David me trituraron las costillas, cuando les
entregué sus llaves... El lunes, Ismael, Yolanda, a las ocho y media de la
mañana, nos vemos en el bufete de mi abogado, el señor Sarriá De La Marca, la
dirección ya la conocéis.... Espero que paséis un buen fin de semana..."
Por fin
comprendíamos las palabras de Julián... Pasamos el resto de la mañana
explorando la casa, que aun sin amueblar era preciosa... y llamamos a Telepizza
a la hora de comer... No tengo idea del número de armarios que había en la
casa, los peldaños de la escalera principal eran muy bajos y cómodos, igual que
la del sótano... Y una de las sorpresas fue ver que las dos tenían ya instalada
una barrera anti-niños... Otra, que el cuarto de lavado y plancha del sótano
tenía mucha luz natural... A su lado, el trastero, y un pequeño taller...
además de un pequeño gimnasio, con su tatami, para mis clases de Kendo…
Quizás fuera
una tontería, pero nos apetecía dormir en nuestra casa, por lo que instalamos
en el dormitorio principal una cuna para Luis, y un colchón de matrimonio
hinchable que usábamos antes para acampar, dos lamparitas de noche, las
sábanas, almohadas y anti-mosquitos, todo ello lo trajimos de nuestra casa...
Es cierto, nos faltaban todos los muebles, pero no teníamos problemas en irla
montando poco a poco... que en nuestro viejo piso de la calle San Lorenzo
teníamos mucho menos... Era una sensación extraña, pusimos el "ipod"
con los pequeños altavoces, y los dos pensamos que era una lástima que ella
estuviera con la regla... Y nos dormimos escuchando a Frank Sinatra...
Solo fue al
despertar cuando nos dimos cuenta de la última sorpresa: una piscina,
comunitaria, para los tres hermanos... El resto del domingo lo pasamos en casa,
mirando catálogos de muebles por internet, sobre todo lo más urgente: el
comedor, el salón, y nuestro dormitorio... también estuvimos en la
piscina del piso del Paseo del Cortijo, donde tanto tiempo habíamos vivido los
tres juntos... y que fue el lugar donde nos conocimos... gracias a las malas
artes de Esther... Y digo "malas artes", porque ella me lo
dijo, años más tarde: "Elías, yo no era capaz de enamorarme de ti, lo
intenté al principio... pero necesitaba algo más físico, menos emocional, y
sobre todo, más cercano... Sin embargo, yo tenía muy claro que te enamorarías
de Yolanda en cuanto la vieras, era la mujer de tus sueños, de tu vida...
Aunque no te sería nada fácil conquistarla..." En eso, por supuesto,
tenía razón… y sigo pensando que no hubiera sido feliz con Esther, porque no
surgió la vieja magia…
El lunes por
la mañana, veinticinco de junio para más señas, nos apiñamos en el "Smart",
y nos fuimos al bufete del abogado en la calle Salinas, pero lo dejamos
aparcado en un parking cercano... Por fin se iba a aclarar el misterio de la
casa deshabitada, porque todo el asunto me traía, literalmente, descompuesto...
Menos mal que
pude ir al baño nada más entrar...
Allí estaban
Borja y David, cada día más grandes e imponentes que el anterior... y también
Julián y Catalina. Nos hicieron pasar al despacho del abogado, quien una vez
sentados alrededor de la mesa, nos explicó los términos del acuerdo que él
mismo y su equipo habían redactado, según los términos establecidos por mi
suegro:
"Vamos
a realizar un acto de donación de bienes inter-vivos, con carácter inmediato.
La propiedad, ubicada en la calle de Albatros 30, 32 y 34, pertenecerá en
cuanto se abone el precio estipulado, a los herederos de D. Julián y de Dª
Catalina, quienes actúan de mutuo acuerdo. Las tres viviendas y zonas
comunitarias pertenecerán a los herederos y, si estos lo disponen, a sus cónyuges,
si bien se impone el régimen de separación de bienes. El valor de las
propiedades ha sido debidamente confirmado por un tasador independiente, pero
el promotor ha optado por cedérselo en alquiler, por el precio de mil euros
anuales, que serán abonados a la
Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo. La propiedad no podrá venderse, ni
permutarse sin autorización expresa de D. Julián, y previo pago de la mitad de
su precio de mercado real. Las propiedades se entregan libres de cargas. Si
están todos ustedes de acuerdo, podemos proceder a la firma, y al compromiso de
pago de la primera anualidad..."
Yolanda,
reaccionando antes que los demás, tomó a su padre de las manos, preguntándole: "Papá...
¿nos estás regalando las tres casas, para que sigamos juntos... y lo único que
nos pides es que otorguemos a la Cofradía del Cristo de la Buena muerte, de la
que somos devotos y costaleros por tradición familiar, a cambio de una donación
que de todas formas íbamos a realizar?"
"Sí,
hija mía. Me parecía la mejor forma de ayudaros a los tres para que comenzaseis
con buen pié vuestra nueva vida, manteneros unidos, y por supuesto, cerca de
nosotros, pero sin interferir en vuestras vidas... Hay un par de mercados,
funcionando, también un colegio cercano, una guardería (que sin duda os vendrá
bien al principio) y tampoco representará una gran modificación en vuestros
hábitos, puesto que Ismael y tú lleváis una temporada viviendo en el piso de
Benalmádena... Tus hermanos, me temo que tardarán todavía algún tiempo en instalarse,
pero lo importante es que dispongan también de una casa propia, libre de
hipoteca… Y en verano, y los puentes, estaremos cerca, pero no revueltos..."
En aquél
momento, comprendí las tácticas dilatorias empleadas por el matrimonio, cada
vez que mencionábamos la posibilidad de buscar un piso o una casa en alquiler o
en venta, todos los problemas que le sacaban a algunas en apariencia perfectas:
necesitaba un tiempo extra para construir nuestra mini-urbanización, y todo
dentro del mayor de los secretos… ¿Qué si fue una maniobra arriesgada? Es
posible, pero de todas formas, ninguno de los hijos disponía en aquellos
momentos de casa propia, y no dejaba de ser un hermoso gesto por su parte, que
a Yolanda y a mí nos arreglaría, en muchos sentidos, la vida…
Creo que fui
yo quien dijo las palabras mágicas... "¡Abrazo familiar!"...
en el que esta vez estuvimos todos implicados, incluso el abogado y
hermosa pasante... y que terminó con una
enorme carcajada... Abandonamos el bufete todos juntos, y nos fuimos a
desayunar un chocolate con churros en un bar cercano…
Sin yo
saberlo, aquella iba a ser la última oportunidad que tendría de reírme durante
una larga temporada…
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