Quizás
fuera la culminación de diferentes etapas que marcaron mi vida (la satisfacción
laboral con su carga de responsabilidades; el tener entre mis brazos a mi
segundo hijo; comprobar que los sueños de Yolanda también se iban cumpliendo y
su asesoría en la red funcionaba muy bien; o que mi hermana, por fin, se había
casado con su eterno novio aunque fuera en la vieja capilla del “Hotel Imperial” de Marbella el 7 de
septiembre de 2005 y casi sin invitados), pero un par de meses antes de cumplir
los treinta y seis años, me dio por pensar en lo que hubiera pasado si mi vida
se hubiese orientado hacia otros rumbos, profesionales y vitales…
El
mayor de todos, y quizás el más importante, se refería a mi amiga Claudia,
porque sin ella, o tal vez con ella, quedó marcado de forma indeleble mi
pasado… ¿Y si ella se hubiera enamorado de mí, como yo de ella? ¿Cómo habría
reaccionado yo, a los catorce o quince años, si ella me confesase (y
demostrase) su amor? ¿Cómo habría reaccionado yo, la primera vez que me
acostase con ella? Pero, la pregunta más importante, era la misma, una y otra
vez… ¿Habríamos sido felices juntos? Porque una amistad circunstancial, incluso
convertida en amor satisfecho y vivido con intensidad, lo mismo no habría
bastado para que hoy siguiéramos juntos como pareja. La atracción física se
modifica con el paso del tiempo, igual que nuestra apariencia, pero ahora no puedo
evitar pensar que una relación amatoria correcta quizás me habría privado de
buscar nuevos horizontes, y quizás ahora mismo estaría trabajando en una
oficina, o como azafato en la “Iberia”,
y compartiendo con ella otros vuelos, otros horizontes… pero no sería yo…
La
segunda disyuntiva era laboral… ¿Qué habría pasado si hubiera modificado mi
orientación en 1994, y trataba de incorporarme a aquella emisora de radio que
estaba naciendo, y lo que es más importante, nos ofrecía la oportunidad de
hacer carrera con ella? ¿Hasta dónde habría podido llegar detrás del micrófono,
si además no me hubiera ido de captación con los boinas verdes, y en vez de
ello, mi padre conseguía que sus amigos militares me reclamasen para el
ministerio del ejército, teniendo todas las tardes libres para trabajar en la
radio? Este era el futurible en el que más me dolía pensar… porque yo podría
llevar casi diez años en antena, colaborando con algún programa, o incluso
conduciéndolo…
¿Si
habría sido más feliz, si me habría sentido más realizado? Sin duda alguna… y
sin embargo… sería demasiado distinto a lo que ahora estoy acostumbrado a
hacer, y es posible que con el paso del tiempo, se me quedase pequeño… quizás
por eso, todavía sigo soñando con la radio…
La
tercera posibilidad, y posiblemente la que más le hubiera gustado a mi padre,
implicaría haberme dirigido hacia la docencia universitaria, con mi tesis “magna cum laude”… y por supuesto,
apoyado por una mujer “en condiciones”…
Lo de la docencia sería un reto cotidiano, pero sigo pensando que para mi
carácter algo retraído, habría sido perfecto: enseñar la teoría y la práctica
de ciertas asignaturas en periodismo, desde la “Historia del Periodismo Español” como la aprendí del profesor
Altabella (D.E.P.) hasta los “Géneros
especializados en el periodismo radiofónico y televisivo” o cualquier
asignatura afín…
Es
cierto, si lo complementaba con mi matrimonio con la mujer que mi padre siempre
consideró perfecta para mí (ni más ni menos que la hija de su mejor amigo…
siempre que ella me hubiera aceptado… algo que ni siquiera el genio azul de
Aladino estaba en condiciones de conseguir), el único camino posible era el
triunfo, al menos en lo profesional y en lo afectivo… A veces, sigo pensando en
ella, en lo que estará haciendo en este momento, o si de vez en cuando se
acordará de mí…
El
cuarto futurible se refiere a iniciar una relación parasitaria con la persona
equivocada, movido por causas externas, como por ejemplo, leer en sus ojos
desde el primer momento que aquella persona, como poco, había sufrido lo mismo
que yo… El dolor no es una buena base en ningún caso, pero si encima te lleva a
unirte, por lástima o por curiosidad, a alguien que necesita que tú le des
seguridad al menos en uno de los aspectos de su vida, es la mejor manera de
estar abocado al fracaso… Y el sexo por compasión tampoco sirve de nada…
Yo
siempre he necesitado tener una mujer bastante dominante, o en todo caso con
las ideas bien claras, capaz de orientarme, de apoyarme, y de distinguir los
sueños realizables de las quimeras de la mente… y de ayudarme a luchar, a
seguir luchando por conseguir mis sueños… En vez de una persona acomodaticia, a
quien le basta con obtener las pequeñas satisfacciones del presente, e incapaz
de pensar en el futuro…
Pero
el peor de todos lo futuribles que soy capaz de imaginar, es aquél donde
conozco a Yolanda, pero ella no se enamora de mí, o incluso me rechaza… Porque
si ya sería duro vivir sin haberla conocido, mucho peor se me antoja el no ser
amado por ella, y pasar el resto del tiempo amándola en la distancia sin ser
correspondido… y convirtiéndome en carnaza para una relación por compasión,
pero sin amor verdadero…
Por
eso, esta tarde, cuando Yolanda termine el trabajo, le prepararé un baño de
espuma, con velas, y conmigo… porque sin ella, sin su amor, la vida no sirve de
nada… ni siquiera merece la pena ser vivida…
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